Isaías 33
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1¡Ay de ti, saqueador no saqueado, que despojas sin ser despojado! Cuando termines * de saquear, serás saqueado; cuando acabes de despojar, serás despojado.
2Yahvé, ten piedad de nosotros, en ti esperamos. Sé nuestra fuerza * por las mañanas, nuestra victoria en tiempo de aprieto.
3Tu voz atronadora dispersa a los pueblos; cuando tú te levantas, se desperdigan las naciones.
4Se amontonaba el botín como quien amontona saltamontes; se abalanzaban sobre él, como se abalanzan las langostas.
5Exaltado sea Yahvé, que habita en lo alto; llene a Sión de equidad y de justicia.
6Tus días discurrirán estables, sabiduría y conocimiento te salvarán, el temor de Yahvé será tu tesoro.
7Ariel se lamenta * por las calles, los mensajeros de paz lloran amargamente.
8Han quedado desiertas las calzadas, ya no hay transeúntes por los caminos. Ha violado la alianza, ha recusado a los testigos * , no tiene respeto por nadie.
9El país se marchita, languidece; el Líbano se amustia reseco; ha quedado el Sarón como la estepa, se van pelando el Basán y el Carmelo.
10Ahora me levanto —dice Yahvé—, ahora me alzo, ahora me yergo.
11Concebiréis forraje, pariréis paja, y mi soplo * como fuego os devorará;
12los pueblos serán calcinados, quemados como espinos segados.
13Oíd, los alejados, lo que he hecho; enteraos, los cercanos, de mi fuerza.
14Se espantaron en Sión los pecadores, paralizó un temblor a los impíos: «¿Quién de nosotros podrá habitar en medio de un fuego devorador?, ¿quién de nosotros podrá habitar en medio de brasas eternas?»
15El que camina en la justicia, el que se pronuncia con rectitud; el que rehúsa ganancias fraudulentas, el que se sacude la mano para no aceptar soborno, el que se tapa las orejas para no oír hablar de crímenes, y cierra sus ojos para no imitar el mal.
16Ése morará en las alturas, se refugiará en un baluarte rocoso, recibirá su pan y tendrá agua segura * .
17Tus ojos verán un rey gallardo, contemplarás una tierra dilatada.
18Musitarás, todavía sobresaltado: «¿Dónde están contable y cobrador, dónde el que contaba las fortalezas?»
19Ya no verás al pueblo audaz, al pueblo de lenguaje oscuro y raro, al bárbaro cuya lengua no se entiende.
20Contempla ahora a Sión, villa de nuestras solemnidades; tus ojos contemplarán Jerusalén, albergue firme, tienda estable: sus clavijas nunca serán removidas, sus cuerdas nunca serán arrancadas.
21Allí tendremos un Yahvé magnífico, en un lugar de ríos y amplios canales; no navegarán barcos de remos, no lo atravesarán navíos de alto bordo * .
22(Porque Yahvé es nuestro juez, Yahvé nuestro legislador; Yahvé, nuestro rey, nos dará la victoria.)
23Se han distendido las cuerdas, no sujetan derecho el mástil, ya no están tensas las velas. Entonces se repartirá cuantioso botín: hasta los cojos recogerán botín.
24Nadie que habite allí dirá que está enfermo; a la gente que resida allí le será perdonada su culpa.