Hechos 25
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Tres días después de haber llegado a la provincia * , Festo subió de Cesarea a Jerusalén.
2Los sumos sacerdotes y los principales de los judíos le presentaron una acusación contra Pablo * . Por otra parte,
3le pedían con insistencia la gracia de trasladar a Pablo a Jerusalén. Y todo era porque pensaban organizar una emboscada para matarlo en el camino.
4Pero Festo les contestó que Pablo debía estar custodiado en Cesarea, y que él mismo iba a regresar allá inmediatamente.
5«Que bajen conmigo, les dijo, los que entre vosotros tienen autoridad. Y, si este hombre es culpable en algo, que formulen una acusación contra él.»
6Después de pasar entre ellos no más de ocho o diez días, Festo bajó a Cesarea. Al día siguiente se sentó en el tribunal y mandó traer a Pablo.
7Así que éste se presentó, lo rodearon los judíos que habían bajado de Jerusalén y presentaron contra él muchas y graves acusaciones, que no podían probar.
8Pablo se defendía diciendo: «Yo no he cometido delito alguno ni contra la Ley de los judíos ni contra el Templo ni contra el César.»
9Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, preguntó a Pablo: «¿Quieres subir a Jerusalén y ser allí juzgado de estas cosas en mi presencia?»
10Pablo contestó: «Estoy ante el tribunal del César, que es donde debo ser juzgado. A los judíos no les he hecho ningún mal, como tú muy bien sabes.
11Si, pues, soy reo de algún delito o he cometido algún crimen que merezca la muerte, no rehúso morir; pero si las acusaciones que éstos me lanzan carecen de fundamento, nadie puede entregarme a ellos. Apelo al César * .»
12Entonces Festo deliberó con el Consejo y respondió: «Has apelado al César; pues al César irás.»
13Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice * vinieron a Cesarea y fueron a saludar a Festo.
14Como la visita duró bastantes días, Festo tuvo ocasión de exponer al rey el caso de Pablo: «Hay aquí un hombre —le dijo— que Félix dejó prisionero.
15Estando yo en Jerusalén presentaron contra él acusación los sumos sacerdotes y los ancianos de los judíos, pidiendo contra él sentencia condenatoria.
16Yo les respondí que no es costumbre de los romanos entregar a un hombre antes de que el acusado tenga ante sí a los acusadores y se le dé la posibilidad de defenderse de la acusación.
17Ellos vinieron aquí conmigo. Sin dilación, me senté al día siguiente en el tribunal y mandé traer al hombre en cuestión.
18Los acusadores comparecieron ante él, pero no presentaron ninguna acusación de los crímenes que yo sospechaba;
19solamente tenían contra él unas discusiones sobre su propia religión y sobre un tal Jesús, ya muerto, de quien Pablo afirma que vive.
20Yo estaba perplejo sobre estas cuestiones y le propuse si quería ir a Jerusalén y ser allí juzgado de estas cosas.
21Pero, como Pablo interpuso apelación de que se le custodiase en espera de la decisión del Augusto * , mandé que fuera custodiado hasta remitirlo al César.»
22Agripa dijo a Festo: «Me gustaría también a mí oír a ese hombre * .» — «Mañana le oirás», contestó.
23Al día siguiente vinieron Agripa y Berenice con gran ostentación y entraron en la sala de audiencia, junto con los tribunos y los personajes de más categoría de la ciudad. A una orden de Festo, trajeron a Pablo.
24Festo dijo: «Rey Agripa y demás presentes, aquí veis a este hombre, contra quien una multitud de judíos se presentaron ante mí, tanto en Jerusalén como aquí, gritando que no debía seguir viviendo.
25Yo comprendí que no había hecho nada que mereciera la muerte, pero dado que ha apelado al Augusto, he decidido enviarlo a Roma.
26No sé en concreto qué escribir al Señor * sobre él. En consecuencia, os lo he presentado a todos vosotros, y en especial a ti, rey Agripa, para saber, después del interrogatorio, lo que he de escribir.
27Pues me parece absurdo enviar un preso sin indicar al mismo tiempo las acusaciones formuladas contra él.»