Ezequiel 28
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Yahvé me dirigió su palabra en estos términos:
2«Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Esto dice el Señor Yahvé: Tu corazón se ha engreído y has dicho: ‘Soy un dios, sentado en un trono divino, instalado en el corazón del mar.’ Tú que eres un hombre y no un dios, equiparas tu mente a la de Dios.
3¡Claro, eres más sabio que Danel; ningún sabio * se te puede comparar!
4Con tu sabiduría y tu inteligencia te amasaste una fortuna; amontonaste tesoros de oro y plata.
5Tu gran sabiduría y tu comercio multiplicaron tu fortuna, y tu fortuna fue la causa del engreimiento de tu corazón.
6Por eso, esto dice el Señor Yahvé: Por haber equiparado tu mente a la mente de Dios,
7he decidido traer extranjeros contra ti, los más bárbaros entre las naciones. Desenvainarán la espada contra tu linda sabiduría, y profanarán tu esplendor;
8te precipitarán en la fosa, y morirás de muerte violenta en el corazón de los mares.
9¿Podrás decir: ‘Soy un dios’, estando ante tus verdugos? ¡Sólo serás un hombre, no un dios, en manos de los que te traspasen!
10Morirás como los incircuncisos, a manos de gente extranjera. Yo soy quien ha hablado —oráculo del Señor Yahvé—.»
11Yahvé me dirigió su palabra en estos términos:
12«Hijo de hombre, entona una elegía * sobre el rey de Tiro. Le dirás: Esto dice el Señor Yahvé: Eras el sello de una obra maestra * , colmado de sabiduría, de consumada belleza.
13Morabas en Edén, en el jardín de Dios. Toda suerte de piedras preciosas engalanaban tu manto: rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro, malaquita, esmeralda; en oro estaban labrados los aretes y pinjantes que llevabas * , preparados desde el día de tu creación.
14Hice de ti un querubín protector, centelleante; estabas en el monte santo de Dios, caminabas entre piedras de fuego * .
15Tu conducta fue perfecta desde el día de tu creación, hasta el día en que se halló en ti iniquidad.
16Por la amplitud de tu comercio te llenaste de violencia, y pecaste. Y yo te degradé del monte de Dios; te eliminé, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego.
17Tu belleza te hizo altanero, corrompiste tu sabiduría por causa de tu esplendor. Y yo te precipité por tierra, convertido en espectáculo de reyes.
18Por tantas y tantas culpas, por la inmoralidad de tu comercio, profanaste tus santuarios. Y yo he sacado de ti mismo el fuego que te ha devorado; te he reducido a ceniza sobre la tierra, a los ojos de cuantos te miraban.
19Todos los pueblos que te conocían quedaron pasmados por ti. Eres un objeto de espanto; has desaparecido para siempre.»
20Yahvé me dirigió su palabra en estos términos:
21«Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia Sidón y profetiza contra ella.
22Dirás: Esto dice el Señor Yahvé: Aquí estoy contra ti, Sidón; en medio de ti seré glorificado. Sabrán que yo soy Yahvé, cuando yo haga justicia de ella y manifieste en ella mi santidad.
23Mandaré contra ella la peste, habrá sangre por sus calles; caerán víctimas en medio de ella, pues será cercada por la espada. Y sabrán que yo soy Yahvé.
24«Ya no padecerá la casa de Israel pinchazos de espina ni heridas de zarza, de todos sus vecinos que la desprecian. Y sabrán que yo soy el Señor Yahvé.
25«Esto dice el Señor Yahvé: Cuando yo reúna a la casa de Israel de en medio de los pueblos donde está dispersa, manifestaré en ellos mi santidad a la vista de las naciones. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob;
26habitarán allí con seguridad, construirán casas y plantarán viñas. Vivirán seguros cuando yo haga justicia con todos sus vecinos que los desprecian. Y sabrán que yo soy Yahvé su Dios.»