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Esdras 9

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Concluido esto, se me presentaron los jefes con esta queja: «El pueblo de Israel, los sacerdotes y los levitas no se han separado de las abominaciones de la gente del país —cananeos, hititas, perizitas, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos—,

2pues han tomado para sí y para sus hijos mujeres de entre las hijas de ellos: la raza santa se ha mezclado con la gente del país; los jefes y los consejeros han sido los primeros en cometer esta rebeldía.»

3Al oír esto, rasgué mis vestiduras y mi manto, me arranqué los pelos de la cabeza y de la barba, y me senté desolado.

4Todos los temerosos de las palabras del Dios de Israel se reunieron en torno a mí, a causa de esta rebeldía de los deportados * . Yo permanecí sentado, desolado, hasta la oblación de la tarde.

5A la hora de la oblación de la tarde salí de mi postración y, con las vestiduras y el manto rasgados, caí de rodillas, extendí las manos hacia Yahvé mi Dios

6y dije * : «Dios mío, harta vergüenza y confusión tengo para levantar mi rostro hacia ti, Dios mío. Porque nuestros crímenes se han multiplicado hasta sobrepasar nuestra cabeza, y nuestro delito ha crecido hasta el cielo.

7Desde el tiempo de nuestros padres hasta la fecha nos hemos hecho muy culpables: por nuestros crímenes fuimos entregados, junto con nuestros reyes y sacerdotes, en manos de los reyes de los paganos, y sometidos a la espada, al cautiverio, al saqueo y al oprobio, como sigue sucediendo en la actualidad.

8Mas ahora, en un instante, Yahvé nuestro Dios nos ha concedido la gracia de dejarnos un Resto y de darnos una liberación en su lugar santo: nuestro Dios ha iluminado así nuestros ojos y nos ha reanimado en medio de nuestra esclavitud.

9Porque esclavos fuimos nosotros, pero en nuestra esclavitud nuestro Dios no nos ha abandonado; nos ha granjeado el favor de los reyes de Persia, nos ha dado ánimos para levantar de nuevo el templo de nuestro Dios, restaurar sus ruinas y procurarnos un valladar seguro en Judá y Jerusalén.

10Pero ahora, Dios nuestro, ¿qué vamos a decir, si, después de todo esto, hemos abandonado tus mandamientos,

11que por medio de tus siervos los profetas tú habías prescrito en estos términos: ‘La tierra en cuya posesión vais a entrar es una tierra manchada por la inmundicia de las gentes que la habitan, por las abominaciones con que la han llenado de un extremo a otro con su impureza * ?

12Así, pues, no deis vuestras hijas a sus hijos ni toméis sus hijas para vuestros hijos; no busquéis nunca su paz ni su bienestar, a fin de que podáis haceros fuertes, comáis los mejores frutos de la tierra y la dejéis en herencia a vuestros hijos para siempre.’

13«Mas después de todo lo que nos ha sobrevenido por nuestras malas acciones y nuestras culpas —y eso que tú, Dios nuestro, has disminuido nuestros crímenes y nos has concedido esta liberación * —,

14¿hemos de volver a violar tus mandamientos, emparentándonos con esta gente abominable? ¿No te irritarías tú contra nosotros hasta exterminarnos sin que quedara Resto ni salvación?

15Yahvé, Dios de Israel, justo eres * , pues un Resto nos hemos salvado, como en el caso presente: aquí estamos ante ti, con nuestro delito, pues por su causa no podemos resistir en tu presencia.»

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