Eclesiástico (Sirácide) 36
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Ten piedad de nosotros, Señor, Dios del universo, mira y siembra tu temor sobre todas las naciones.
2Alza tu mano contra las naciones extranjeras, para que reconozcan tu señorío.
3Si ante ellas te has mostrado santo con nosotros, muéstrate ante nosotros grande con ellas.
4Que te reconozcan, como nosotros hemos reconocido que no hay Dios fuera de ti, Señor.
5Renueva tus prodigios, repite tus maravillas, glorifica tu mano y tu brazo derecho.
6Despierta tu furor y derrama tu ira, extermina al adversario y aniquila al enemigo.
7Acelera la hora, recuerda el juramento, y que se divulguen tus grandezas * .
8Que el fuego de tu ira devore a los supervivientes, y perezcan los que hacen daño a tu pueblo.
9Aplasta la cabeza de los jefes enemigos, que dicen: «Fuera de nosotros no hay nadie.»
10Reúne a todas las tribus de Jacob, dales su heredad como al principio * .
11Ten piedad, Señor, del pueblo llamado con tu nombre, de Israel, a quien trataste como a tu primogénito.
12Ten compasión de tu ciudad santa, de Jerusalén, lugar de tu descanso.
13Llena a Sión de tu alabanza, y el templo, de tu gloria * .
14Da testimonio en favor de tus primeras criaturas * , cumple las profecías hechas en tu nombre.
15Da su recompensa a los que esperan en ti, y que tus profetas sean acreditados.
16Escucha, Señor, la súplica de tus siervos * , según la bendición de Aarón sobre tu pueblo.
17Y que todos los habitantes de la tierra reconozcan que tú eres el Señor, el Dios eterno.
18El estómago consume todo tipo de alimentos, pero unos son mejores que otros.
19El paladar distingue la carne de caza, y mente despierta, las palabras mentirosas.
20El hombre perverso provoca desgracias, pero el experimentado le da su merecido.
21La mujer acepta cualquier marido, pero unas jóvenes son mejores que otras * .
22La belleza de la mujer recrea la mirada, y el hombre la desea por encima de todo.
23Si en su lengua hay bondad y dulzura, su marido ya no es como los demás hombres.
24El que consigue una mujer, empieza a hacer fortuna, una ayuda semejante a él * y columna de apoyo.
25Donde no hay valla, la propiedad es saqueada; donde no hay mujer, el hombre gime a la deriva.
26¿Quién se fiará del ladrón ágil, que va saltando de ciudad en ciudad?
27Lo mismo ocurre con el hombre sin hogar, que se cobija donde la noche le sorprende.