Eclesiástico (Sirácide) 29
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1El hombre misericordioso presta a su prójimo; quien le brinda ayuda guarda los mandamientos.
2Presta a tu prójimo cuando pase necesidad, y restituye lo prestado a su debido tiempo.
3Mantén tu palabra y sé leal con él, y en toda ocasión encontrarás lo que necesitas.
4Muchos pretenden adueñarse de lo prestado * , y ponen en dificultad a quienes les ayudaron.
5Antes de recibir el préstamo, besan las manos del prójimo, y humillan la voz para conseguir su dinero; pero, a la hora de restituir, dan largas, responden con evasivas * y echan la culpa a las circunstancias.
6Si consigue pagar, el otro recibirá apenas la mitad, y aun lo considerará como una ganga. En caso contrario, perderá su dinero, y se habrá ganado sin necesidad * un enemigo, que le devolverá maldiciones e insultos, y, en lugar de honor, le devolverá desprecio.
7Así que muchos se niegan a prestar dinero, no por malicia * , sino por miedo a que les despojen sin razón.
8En cambio, sé generoso con el humilde, y no le hagas esperar por tu limosna.
9Si quieres cumplir el mandamiento, acoge al indigente, y, según su necesidad, no le despidas con las manos vacías.
10Por el hermano y el amigo pierde tu dinero, que no se te enroñe inútilmente bajo una piedra.
11Utiliza tus bienes según los preceptos del Altísimo, y te dará más provecho que el oro.
12Guarda las limosnas en tus graneros, y ellas te preservarán de todo mal.
13Mejor que escudo recio o pesada lanza, ellas combatirán por ti frente al enemigo.
14El hombre bueno sale fiador por su prójimo; el que ha perdido la vergüenza lo deja abandonado.
15No olvides los favores de tu fiador, pues él se ha expuesto por ti.
16El pecador dilapida los bienes de su fiador; el ingrato no se acuerda de su liberador.
17La fianza ha arruinado a mucha gente de bien, los ha sacudido como ola del mar.
18Ha desterrado a hombres poderosos, que anduvieron errantes por naciones extranjeras.
19El pecador que se presta a la fianza con afán de especular, se enredará en pleitos.
20Ayuda al prójimo según tus recursos, pero ten cuidado de no arruinarte.
21Lo indispensable para vivir es agua, pan, vestido, y una casa para cobijarse.
22Más vale vida de pobre bajo techo de madera que grandes banquetes en casa ajena.
23En lo poco y en lo mucho pon buena cara, y no escucharás reproches de tu huésped * .
24Triste vida andar de casa en casa: allí donde te hospedes no podrás abrir la boca.
25Recibirás humillado hospedaje y bebida, y encima tendrás que oír palabras hirientes:
26«Pasa, forastero, pon la mesa; si tienes algo a mano, dame de comer.»
27«Vete, forastero, cede tu puesto a otro más importante; mi hermano viene a hospedarse y necesito la casa.»
28Duro es esto para el hombre con sentimientos, reproches del casero e insultos del prestamista.