Eclesiástico (Sirácide) 26
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Dichoso el marido de una mujer buena, el número de sus días se duplicará.
2Mujer valerosa es la alegría de su marido, él vivirá en paz todos los años de su vida.
3Una mujer buena es una herencia valiosa, que toca en suerte a los que temen al Señor:
4sean ricos o pobres, su corazón estará contento y llevarán siempre la alegría en el rostro.
5Tres cosas teme mi corazón, y una cuarta me da miedo * : calumnia en la ciudad, motín popular y falsa acusación: todo ello es peor que la muerte;
6pero pena y dolor de corazón es una mujer celosa de otra, el látigo de su lengua a todos instiga * .
7Yugo de bueyes mal ajustado * es la mujer malvada; querer dominarla es como agarrar un escorpión.
8Gran motivo de indignación es la mujer borracha; no podrá ocultar su vergüenza.
9La mujer adúltera provoca con la mirada, sus párpados la delatan.
10Ante una joven atrevida, refuerza la guardia, no sea que, al menor descuido, se aproveche de ti.
11Guárdate de sus ojos descarados, y no te extrañes si te conducen al mal.
12Como caminante sediento abre la boca, y bebe de cualquier agua que encuentra; se sienta frente a cualquier tienda y abre su aljaba a cualquier flecha.
13El encanto de la mujer complace a su marido, y su saber hacer le reconforta.
14La mujer silenciosa es un don del Señor; la mujer bien educada no tiene precio.
15La mujer honrada duplica su encanto; es incalculable el valor de la que sabe controlarse.
16Sol que sale por las alturas del Señor la belleza de la mujer buena en su casa bien ordenada.
17Lámpara que brilla en el candelabro santo * , un rostro hermoso sobre una figura esbelta.
18Columnas de oro sobre pedestales de plata, las piernas bonitas sobre talones firmes * .
28Dos cosas entristecen mi corazón, y la tercera me produce indignación: el guerrero que desfallece en la miseria, hombres inteligentes tratados con desprecio y quien se pasa de la justicia al pecado. A éste el Señor lo destina a la espada.
29Difícilmente está libre de culpa el negociante; el comerciante no se verá libre de pecado.