Deuteronomio 2
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Luego nos volvimos y partimos hacia el desierto, por el camino del mar de Suf, como Yahvé me había mandado. Durante mucho tiempo anduvimos rodeando la montaña de Seír * .
2Yahvé me dijo:
3«Ya habéis dado bastantes vueltas a esta montaña: dirigíos hacia el norte.
4Y da al pueblo esta orden: Vais a pasar por el territorio de vuestros hermanos, los hijos de Esaú, que habitan en Seír. Os tendrán miedo, pero tened mucho cuidado;
5no los ataquéis, porque yo no os daré nada de su tierra, ni lo que ocupa la planta del pie, ya que la montaña de Seír se la he dado en posesión a Esaú * .
6Los alimentos que comáis se los adquiriréis con dinero, y con dinero les compraréis también el agua que bebáis.
7Pues Yahvé tu Dios te ha bendecido en todas tus empresas: ha protegido tu marcha por este gran desierto, y hace ya cuarenta años que Yahvé tu Dios está contigo sin que te haya faltado nada.»
8Pasamos, pues, al lado de nuestros hermanos, los hijos de Esaú que habitan en Seír, por el camino de la Arabá, de Elat y de Esión Guéber; después, cambiando de rumbo, tomamos el camino del desierto de Moab.
9Yahvé me dijo: «No ataques a Moab, no le provoques al combate, pues yo no te daré nada de su tierra, ya que Ar se la he dado en posesión a los hijos de Lot.
10(Antiguamente habitaban allí los emitas, pueblo grande, numeroso y corpulento como los anaquitas.
11Tanto a ellos como a los anaquitas se los tenía por refaítas, pero los moabitas los llamaban emitas.
12Igualmente en Seír habitaron antiguamente los joritas * , pero los hijos de Esaú los desalojaron, los exterminaron y se establecieron en su lugar, como ha hecho Israel con la tierra de su posesión, la que Yahvé les dio.)
13Y ahora, poneos en marcha y pasad el torrente Zéred.» Pasamos, pues, el torrente Zéred.
14El tiempo que estuvimos caminando desde Cades Barnea hasta que pasamos el torrente Zéred fue de treinta y ocho años; hasta que desapareció del campamento toda la generación de hombres de guerra, como Yahvé les había jurado.
15La mano misma de Yahvé cayó sobre ellos para exterminarlos del campamento hasta acabar con ellos.
16Cuando la muerte había hecho desaparecer del pueblo a todos los hombres de guerra,
17Yahvé me dijo:
18«Vas a cruzar hoy la frontera de Moab, por Ar,
19y vas a encontrarte con los hijos de Amón. No los ataques ni les provoques; pues yo no te daré nada de la tierra de los hijos de Amón * , ya que se la he entregado en posesión a los hijos de Lot.
20(También ésta era considerada tierra de refaítas, que la habitaron antiguamente; los amonitas los llamaban zanzumitas.
21Eran un pueblo grande, numeroso y corpulento, como los anaquitas. Yahvé los exterminó al llegar los amonitas, que los desalojaron y se establecieron en su lugar.
22Así había actuado también en favor de los hijos de Esaú, que habitaban en Seír, exterminando a los joritas cuando ellos llegaron. Los de Esaú los desalojaron y se establecieron en su lugar, hasta el día de hoy.
23También exterminaron a los avitas, que habitan en los campos hasta Gaza, y a los caftoritas, venidos de Caftor * ; y se establecieron en su lugar.)
24Poneos en marcha, partid y pasad el torrente Arnón. Mira, yo pongo en tus manos a Sijón, el amorreo, rey de Jesbón, y todo su país. Comienza la conquista; provócale al combate.
25Desde hoy comienzo a infundir terror y miedo de ti entre todos los pueblos que hay debajo del cielo: al tener noticia de tu llegada, temblarán todos y se estremecerán.»
26Del desierto de Quedemot * envié mensajeros a Sijón, rey de Jesbón, con estas palabras de paz:
27«Voy a pasar por tu tierra; seguiré el camino sin desviarme ni a derecha ni a izquierda.
28Los alimentos que coma me los venderás por dinero, el agua que beba me la darás por dinero; sólo deseo pasar a pie,
29como me lo han permitido los hijos de Esaú que habitan en Seír y los moabitas que habitan en Ar, hasta que cruce el Jordán, para ir hacia la tierra que nos da Yahvé nuestro Dios.»
30Pero Sijón, rey de Jesbón, no quiso dejarnos pasar por allí, porque Yahvé tu Dios le había empedernido el espíritu y endurecido el corazón, a fin de sometértelo, como sigue todavía hoy.
31Yahvé me dijo: «Mira, voy a comenzar a entregarte a Sijón y su territorio; empieza la conquista, apodérate de su territorio.»
32Sijón salió a nuestro encuentro con toda su gente y nos presentó batalla en Yahas.
33Yahvé nuestro Dios nos lo entregó y lo derrotamos a él, a sus hijos y a toda su tropa.
34Nos apoderamos entonces de todas sus ciudades y consagramos al anatema toda ciudad: hombres, mujeres y niños, sin dejar superviviente.
35Sólo guardamos como botín el ganado y los despojos de las ciudades tomadas.
36Desde Aroer, al borde del valle del Arnón, y la ciudad que está en el valle, hasta Galaad, no hubo ciudad inexpugnable para nosotros; Yahvé nuestro Dios nos las entregó todas.
37Únicamente respetaste el país de los amonitas, toda la ribera del torrente Yaboc y las ciudades de la montaña, todo lo que Yahvé nuestro Dios nos había prohibido.