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2 Macabeos 13

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1El año ciento cuarenta y nueve * , los hombres de Judas se enteraron de que Antíoco Eupátor marchaba sobre Judea con numerosas tropas,

2y que con él venía Lisias, su tutor y encargado de los negocios, cada uno con un ejército griego de ciento diez mil infantes, cinco mil trescientos jinetes, veintidós elefantes y trescientos carros armados de hoces.

3También Menelao se unió a ellos e incitaba muy taimadamente a Antíoco, no por salvar a su patria, sino con la idea de establecerse en el poder.

4Pero el Rey de reyes excitó la cólera de Antíoco contra aquel malvado. Lisias demostró al rey que aquel hombre era el causante de todos los males, y Antíoco ordenó conducirlo a Berea y darle allí muerte, según las costumbres del lugar * .

5Hay allí una torre de cincuenta codos, llena de ceniza, provista de un dispositivo giratorio, en pendiente por todos los lados hacia la ceniza.

6Al reo de robo sacrílego o al que ha perpetrado algún otro crimen horrendo, lo suben * allí y lo precipitan para su perdición.

7Y con tal suplicio murió aquel inicuo Menelao, que ni siquiera tuvo la suerte de encontrar la tierra que lo recibiera.

8Fue justo que ocurriera así, pues, después de haber cometido tantos pecados contra el altar, cuyo fuego y ceniza eran sagrados, encontró la muerte en la ceniza.

9Marchaba, pues, el rey embargado de bárbaros sentimientos, dispuesto a mostrar a los judíos peores cosas que las sucedidas en tiempo de su padre.

10Judas, al saberlo, mandó a la tropa que invocara al Señor día y noche, para que también en esta ocasión, como en otras, viniera en ayuda de los que estaban a punto de ser privados de la Ley, de la patria y del templo santo,

11y no permitiera que aquel pueblo, que todavía hacía poco había recobrado el ánimo, cayera en manos de paganos de mala fama.

12Una vez que todos juntos cumplieron la orden y suplicaron al Señor misericordioso con lamentaciones, ayunos y postraciones durante tres días seguidos, Judas les animó y les mandó que estuvieran preparados.

13Después de reunirse en privado con los Ancianos, decidió que, antes que el ejército del rey entrara en Judea y se hiciera dueño de la ciudad, salieran los suyos para resolver la situación con el auxilio de Dios.

14Judas, dejando la decisión al Creador del mundo, animó a sus hombres a combatir heroicamente hasta la muerte por la causa de las leyes, el templo, la ciudad, la patria y las instituciones. Acampó en las cercanías de Modín.

15Dio a los suyos como consigna «Victoria de Dios» y atacó de noche, con lo más escogido de los jóvenes, la tienda del rey. Mató en el campamento a unos dos mil hombres, y los suyos hirieron al mayor de los elefantes junto con su conductor.

16Llenaron finalmente el campamento de terror y confusión, y se retiraron victoriosos

17cuando despuntaba el alba. Todo ello sucedió gracias a la protección que el Señor había brindado a Judas.

18El rey, que había probado ya la osadía de los judíos, intentó alcanzar las posiciones con estratagemas.

19Se aproximó a Bet Sur, plaza fuerte de los judíos; pero fue rechazado, derrotado y vencido.

20Judas hizo llegar a los de dentro lo que necesitaban.

21Pero Rodoco, uno del ejército judío, revelaba los secretos a los enemigos; así que fue buscado, capturado y ejecutado.

22El rey parlamentó por segunda vez con los de Bet Sur, dio y recibió palabras de paz y luego se retiró. Atacó a las tropas de Judas, pero fue vencido.

23Supo entonces que Filipo, a quien había dejado en Antioquía al frente de los negocios, se había sublevado. Consternado, llamó a los judíos, se avino a sus deseos y prestó juramento sobre todas las condiciones justas. Se reconcilió y ofreció un sacrificio, honró al santuario y se mostró generoso con el Lugar Santo * .

24Prestó buena acogida a Macabeo y dejó a Hegemónides como estratega desde Tolemaida hasta la región de los guerraínos * .

25Salió hacia Tolemaida; pero los habitantes de la ciudad estaban muy disgustados por este tratado: estaban en verdad indignados por los acuerdos, que ellos querían abolir * .

26Lisias subió entonces a la tribuna e hizo la mejor defensa que pudo; los convenció y calmó, y los dispuso a la benevolencia. Luego partió hacia Antioquía. Así sucedió con la expedición y la retirada del rey.

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