1 Juan 3
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! * Por eso el mundo no nos conoce, porque no le reconoció a él.
2Queridos, ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es.
3Quien tiene esta esperanza en él se purifica, porque él * es puro.
4Todo el que comete pecado comete una acción malvada, pues el pecado es la maldad.
5Y sabéis que él se manifestó para borrar los pecados * , pues en él no hay pecado.
6Quien permanece en él, no peca * ; por eso, el que peca no le ha visto ni conocido.
7Hijos míos, que nadie os engañe: el que obra la justicia es justo, porque él es justo.
8Quien comete el pecado es del diablo * , porque el diablo ha pecado desde el principio, y el Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo.
9Quien ha nacido de Dios no peca, porque su germen * mora en él; es decir, no puede pecar porque ha nacido de Dios.
10En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: quien no hace lo que es justo no es de Dios, y quien no ama a su hermano, tampoco.
11Pues éste es el mensaje que oísteis desde el principio: que nos amemos unos a otros.
12No como Caín, que, al ser del Maligno, mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque sus obras eran malas, mientras que eran justas * las obras de su hermano.
13No os extrañéis, hermanos, si el mundo os aborrece.
14Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos. Quien no ama está instalado en la muerte.
15Todo el que odia a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino posee vida eterna en sí mismo.
16En una cosa hemos conocido qué es el amor: en que él dio su vida por nosotros. Así que también nosotros debemos dar la vida por los hermanos.
17Si alguno que posee bienes materiales ve que su hermano está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede residir en él el amor de Dios?
18Hijos míos, no amemos de palabra, sólo con la boca, sino con obras y según la verdad.
19En esto sabremos * que somos de la verdad * , y tendremos nuestra conciencia tranquila ante él,
20aunque nuestra conciencia nos condene, pues Dios, que lo sabe todo, está por encima de nuestra conciencia * .
21Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos confianza total en Dios,
22y obtendremos de él todo lo que le pidamos, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
23Y este es su mandamiento: que creamos en su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros según el mandamiento que nos dio.
24Quien guarda sus mandamientos mora en Dios y Dios en él; y en esto conocemos que mora en nosotros: en que nos ha dado el Espíritu.