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Eclo 50, 1-29

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Simón, el sumo sacerdote, hijo de Onías * , reparó el templo durante su vida, y en sus días fortificó el santuario. 2Puso los cimientos de doble altura, un alto contrafuerte de la cerca del templo * . 3En sus días se excavó * el depósito de agua, un estanque tan ancho como el mar. 4Él cuidó de su pueblo para evitar su ruina y fortificó la ciudad contra un posible asedio. 5¡Qué glorioso era cuando, rodeado de su pueblo, salía de la estancia del velo * ! 6Era como el lucero del alba en medio de las nubes, como la luna en su plenilunio * , 7como el sol que brilla sobre el templo del Altísimo * , como el arco iris que ilumina las nubes de gloria, 8como rosal florecido en primavera * , como lirio junto a un manantial, como cedro del Líbano en verano, 9como fuego e incienso en el incensario * , como vaso de oro macizo adornado con toda clase de piedras preciosas, 10como olivo cargado de frutos, como ciprés que se eleva hasta las nubes. 11Cuando se ponía la vestidura de gala y se colocaba sus elegantes ornamentos; cuando subía hacia el altar sagrado, llenaba de gloria el recinto del santuario. 12Cuando recibía las porciones de las víctimas de manos de los sacerdotes, él mismo de pie junto al fuego del altar, rodeado de una corona de hermanos, como retoños de cedro en el Líbano; como tallos de palmera engarzados. 13Todos los hijos de Aarón en su esplendor, con la ofrenda del Señor en sus manos, estaban en presencia de toda la asamblea de Israel. 14Mientras cumplía su servicio en el altar, preparando la ofrenda del Altísimo todopoderoso, 15tomaba en su mano la copa * , hacía la libación del vino, y lo derramaba al pie del altar, como aroma suave para el Altísimo, rey del universo. 16Entonces los hijos de Aarón prorrumpían en gritos, tocaban las trompetas de metal batido, hacían oír su sonido imponente, como memorial delante del Altísimo. 17Entonces, de repente, todo el pueblo en masa caía rostro a tierra, para adorar a su Señor, el Todopoderoso, el Dios Altísimo. 18Los salmistas también le alababan con sus voces, y su canto formaba una dulce melodía. 19El pueblo suplicaba al Señor Altísimo, permanecía en oración ante el Misericordioso, hasta que terminaba la ceremonia * del Señor y concluía el servicio litúrgico. 20Entonces él bajaba y elevaba las manos sobre toda la asamblea de los hijos de Israel, para pronunciar con sus labios la bendición del Señor y tener el honor de invocar su nombre * . 21Y por segunda vez todos se postraban, para recibir la bendición del Altísimo. 22Y ahora bendecid al Dios del universo * , el que hace grandes cosas por doquier, el que enaltece nuestra vida desde el seno materno, y nos trata según su misericordia. 23Que nos dé la alegría de corazón, y que haya paz en nuestros días, en Israel por los siglos de los siglos. 24Que su misericordia permanezca con nosotros y en nuestros días nos libere * . 25Hay dos naciones que mi alma detesta, y la tercera ni siquiera es nación: 26los habitantes de la montaña de Seír * , los filisteos y el pueblo necio que mora en Siquén * . 27Doctrina de ciencia e inteligencia ha condensado en este libro Jesús, hijo de Sirá, Eleazar, de Jerusalén * , que de su corazón derramó sabiduría a raudales. 28Dichoso el que repase estas enseñanzas a menudo; el que las guarde en su corazón se hará sabio. 29Y si las pone en práctica, en todo será fuerte, porque la luz del Señor iluminará su camino * .