Eclo 1, 1-30
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Prólogo del traductor (1) La ley, los profetas y los escritos * que les siguieron (2) nos han transmitido muchas e importantes lecciones, (3) que hacen a Israel digno de elogio por su instrucción y sabiduría. (4) Ahora bien, no basta con que los lectores se hagan sabios; (5) es necesario también que, como expertos, puedan ayudar a los de fuera, (6) tanto de palabra como por escrito. (7) Por eso, mi abuelo Jesús, después de haberse dedicado intensamente a la lectura (8) de la Ley, (9) los Profetas (10) y los otros escritos de los antepasados, (11) y de haber adquirido un gran dominio sobre ellos, (12) se propuso escribir sobre cuestiones de instrucción y sabiduría. (13) Su objetivo era que los deseosos de aprender aceptaran sus enseñanzas (14) y pudieran progresar, llevando una vida más acorde con la Ley. (15) Quedáis, pues, invitados (16) a leer este libro (17) con benevolencia y atención, (18) así como a ser indulgentes (19) allí donde os parezca que, a pesar de nuestros denodados esfuerzos de interpretación, (20) no hemos acertado en la traducción de algunas expresiones. (21) Es evidente que las cosas dichas en hebreo no tienen la misma fuerza (22) que cuando se traducen a otra lengua. (23) Esto no sucede sólo en este libro, (24) sino que también la misma Ley, los Profetas (25) y los otros escritos (26) presentan notables diferencias respecto a sus originales. (27) El año treinta y ocho del rey Evergetes * (28) llegué a Egipto, donde fijé mi residencia por un tiempo. (29) Durante mi estancia allí encontré una obra * muy instructiva, (30) y me sentí obligado a emprender la traducción de este libro con empeño y diligencia. (31) He dedicado muchas horas de vigilia y trabajo (32) durante este período, (33) hasta poder terminar y publicar el libro, (34) para uso de aquellos que, viviendo en el extranjero, desean aprender y reformar sus costumbres (35) para vivir conforme a la Ley. [[1]] Toda sabiduría viene del Señor * , y está con él por siempre. 2¿Quién puede contar la arena de los mares, las gotas de la lluvia y los días de la eternidad? 3¿Quién puede medir la altura de los cielos, la anchura de la tierra y la profundidad del abismo? * 4Antes de todo fue creada la sabiduría, la inteligencia prudente desde la eternidad. 6* ¿A quién fue revelada la raíz de la sabiduría? ¿Quién conoce sus recursos? * 8Uno sólo es sabio, temible en extremo: el que está sentado en su trono * . 9Es el Señor quien creó la sabiduría * , la vio, la midió y la derramó sobre todas sus obras. 10Se la concedió a todos los vivientes y se la regaló a quienes le aman * . 11El temor del Señor es gloria y honor, alegría y corona de júbilo. 12El temor del Señor deleita el corazón, da alegría, gozo y larga vida. 13El que teme al Señor, tendrá un buen final, el día de su muerte será bendecido * . 14Principio de la sabiduría es temer al Señor, ella acompaña a los fieles desde el seno materno. 15Entre los hombres asentó su cimiento eterno, y con su descendencia se mantendrá fiel. 16Plenitud de la sabiduría es temer al Señor, ella sacia a sus fieles de sus frutos; 17les llena la casa de tesoros y los graneros de sus productos. 18Corona de la sabiduría es el temor del Señor, ella hace florecer la paz y la buena salud; 19* hace llover ciencia e inteligencia, y exalta la gloria de los que la poseen. 20Raíz de la sabiduría es temer al Señor, sus ramas proporcionan larga vida * . 22La pasión del injusto no puede justificarse * , porque el ímpetu de su pasión le hará caer. 23El hombre paciente aguanta hasta el momento oportuno, y al final su paga es la alegría. 24Hasta el momento oportuno retiene sus palabras, por eso muchos alaban su prudencia. 25Entre los tesoros de la sabiduría hay proverbios muy sabios, pero adorar al Señor repugna al pecador. 26Si deseas la sabiduría, guarda los mandamientos * , y el Señor te la concederá. 27Porque el temor del Señor es sabiduría e instrucción, le agradan la fidelidad y la mansedumbre. 28No faltes al temor del Señor, ni te acerques a él con doblez de corazón. 29No seas hipócrita delante de los hombres * , pero vigila siempre tus labios. 30No te exalces a ti mismo, si no quieres caer y cubrirte de vergüenza, pues el Señor revelará tus secretos y te humillará en medio de la asamblea, por no tener en cuenta el temor del Señor, y tener el corazón repleto de engaño.