Sab 19, 1-22
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Pero sobre los impíos se abatió hasta el fin una ira despiadada, pues Dios sabía de antemano lo que les iba a suceder: 2que, tras dejarlos marchar y despedirlos con prisas, cambiarían de parecer y saldrían a perseguirlos. 3Cuando todavía estaban ocupados en los funerales y llorando sobre las tumbas de los muertos, concibieron otro proyecto insensato y persiguieron como fugitivos a los que habían despedido con súplicas. 4A tales extremos los empujaba su merecido destino * , haciéndoles olvidar el pasado, para que consumaran el castigo que aún faltaba a sus tormentos * 5y, mientras tu pueblo emprendía un viaje maravilloso, encontraran ellos una muerte insólita. 6Porque toda la creación, obediente a tus órdenes * , se transformó de nuevo en su misma naturaleza para resguardar sanos y salvos a tus hijos. 7Vieron la nube que daba sombra al campamento, la tierra firme que emergía de lo que antes era agua, un camino abierto en el mar Rojo y una llanura verde en las olas impetuosas * , 8por donde tus protegidos pasaron en masa, contemplando prodigios admirables. 9Pastaban como caballos y retozaban como corderos, alabándote a ti, Señor, su libertador. 10Todavía recordaban lo sucedido en su destierro: cómo la tierra, en vez de la generación animal, produjo mosquitos, y cómo el río, en vez de peces, vomitó una multitud de ranas. 11Más tarde vieron también un modo nuevo de nacer las aves: cuando, urgidos por el apetito, pidieron manjares delicados 12y, para satisfacerlos, salieron codornices del mar * . 13Los castigos recayeron sobre los pecadores, precedidos, como aviso, de la furia de los rayos * , pues padecían justamente por sus propias maldades y por haber albergado el odio más feroz contra los extranjeros. 14Hubo quienes * no recibieron a unos visitantes desconocidos, pero éstos esclavizaron a extranjeros bienhechores. 15Pero aún hay más, pues a aquellos se les pedirá cuentas * por haber recibido hostilmente a los extranjeros; 16pero éstos, después de recibir con fiestas a los que ya participaban de sus mismos derechos * , los maltrataron con terribles trabajos. 17Y también fueron atacados por la ceguera * , como aquéllos que, a las puertas del justo * , envueltos en profunda oscuridad, buscaban el vano de sus puertas. 18Los elementos intercambiaban sus propiedades, como los sonidos del arpa cambian la cadencia del ritmo manteniendo el mismo tono, como puede deducirse claramente a la vista de lo sucedido; 19pues los seres terrestres se tornaban acuáticos * y los que nadan * se pasaban a la tierra. 20El fuego aumentaba en el agua su propia virtud y el agua olvidaba su poder extintor. 21Las llamas, por el contrario, no consumían las carnes de los débiles animales que se movían entre ellas, ni derretían aquella especie de manjar divino * , parecido a la escarcha y fácil de derretir. 22En todo, Señor, engrandeciste y glorificaste a tu pueblo, y no dejaste de asistirlo nunca y en ningún lugar.