Sab 1, 1-16
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Amad la justicia * , los que gobernáis el mundo * , tened buenos sentimientos para con el Señor y buscadlo con corazón sincero * , 2pues se deja encontrar por los que no le exigen pruebas y se manifiesta * a los que no desconfían de él. 3Los pensamientos retorcidos apartan de Dios, y su poder * , puesto a prueba, confunde a los insensatos. 4En efecto, la sabiduría no entra en alma artera, ni habita en cuerpo esclavo del pecado * ; 5pues el santo espíritu educador * rehúye el engaño, se aleja de los pensamientos vacíos y se siente confundido ante el ataque de la injusticia. 6La sabiduría es un espíritu filántropo que no deja impunes los labios blasfemos; pues Dios es testigo de sus interioridades, observador veraz de su corazón * , y escucha cuanto dice su lengua. 7Porque el espíritu del Señor llena la tierra * , lo contiene todo * y conoce cada voz * . 8Por eso, quien pregone calumnias no podrá esconderse, ni evitar la acusación de la justicia. 9Los planes del impío serán investigados y el rumor de sus palabras llegará hasta el Señor, como prueba de sus delitos. 10El oído atento lo escucha todo y no se le escapa el rumor de murmuraciones. 11Guardaos, pues, de murmuraciones inútiles y preservad vuestra lengua de la calumnia; porque no hay confidencia emitida en vano, y la boca calumniadora da muerte al alma. 12No persigáis la muerte con vuestra vida perdida ni os busquéis la ruina con las obras de vuestras manos; 13porque Dios no hizo la muerte * ni se alegra con la destrucción de los vivientes. 14Él lo creó todo para que subsistiera * : las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas veneno de muerte ni el abismo * reina sobre la tierra, 15porque la justicia es inmortal * . 16Pero los impíos * invocan a la muerte con gestos y palabras; haciéndola su amiga, se perdieron; se aliaron con ella y merecen ser sus secuaces * .