Sal 55, 1-17
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1(54) Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Poema. De David. [[2]] Escucha, oh Dios, mi oración, no te retraigas a mi súplica, 2[[3]] hazme caso, respóndeme, me trastorna la ansiedad. Gimo 3[[4]] ante la voz del enemigo, bajo el abucheo * del malvado; vierten falsedades sobre mí, me hostigan con saña. 4[[5]] Dentro se agita mi corazón, me asaltan pavores de muerte; 5[[6]] miedo y temblor me invaden, un escalofrío me atenaza. 6[[7]] Y digo: ¡Ojalá tuviera alas como paloma para volar y reposar! 7[[8]] Huiría entonces lejos, Pausa. la estepa sería mi morada. 8[[9]] Pronto encontraría refugio contra el viento de la calumnia, y el huracán 9[[10]] que devora, Señor, y el flujo de sus lenguas * . Soy testigo de violencia y altercado en la ciudad; 10[[11]] rondan de día y de noche en torno a sus murallas. Falsedad y mentira hay dentro, 11[[12]] insidias dentro de ella, nunca se ausentan de sus calles la tiranía y el engaño. 12[[13]] Si * fuera un enemigo el que me ultraja, podría soportarlo; si el que me odia se alzara contra mí, de él me escondería. 13[[14]] ¡Pero tú, un hombre de mi rango, amigo y compañero, 14[[15]] con quien me unía dulce intimidad en la Casa de Dios! ¡Desaparezcan * en tumulto, 15[[16]] caiga sobre ellos * la muerte, bajen vivos al Seol, que entre ellos habita el mal! 16[[17]] Pero yo invoco a Dios y Yahvé me salva. 17[[18]] A la tarde, a la mañana, al mediodía * me quejo y gimo, y oye mi clamor.