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Sal 53, 1-3

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1(52) Del maestro de coro. Para la enfermedad. Poema. De David. [[2]] Dice el necio en su interior: «No hay Dios». Están corrompidos, pervertidos, no hay quien haga el bien. 2[[3]] Se asoma Dios desde el cielo y observa a los seres humanos, por ver si hay uno sensato, alguien que busque a Dios. 3[[4]] Todos están descarriados, pervertidos en masa. No hay quien haga el bien, ni uno siquiera.