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Sal 42, 1-11

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1(41-42) Del maestro de coro. Poema. De los hijos de Coré. [[2]] Como anhela la cierva * los arroyos, así te anhela mi ser, Dios mío. 2[[3]] Mi ser tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo podré ir a ver el rostro de Dios * ? 3[[4]] Son mis lágrimas mi pan de día y de noche, cuando me dicen todo el día: «¿Dónde está tu Dios?». 4[[5]] El recuerdo me llena de nostalgia: cuando entraba en la Tienda admirable * y llegaba hasta la Casa de Dios, entre gritos de acción de gracias y el júbilo de los grupos de romeros. 5[[6]] ¿Por qué desfallezco ahora y me siento tan azorado? Espero en Dios, aún lo alabaré: ¡Salvación de mi rostro * , 6[[7]] Dios mío! Me siento desfallecer, por eso te recuerdo, desde el Jordán y el Hermón a ti, montaña humilde * . 7[[8]] Un abismo llama a otro abismo en medio del fragor de tus cascadas, todas tus olas y tus crestas han pasado sobre mí. 8[[9]] De día enviará Yahvé su amor, y el canto que me inspire por la noche será oración al Dios de mi vida. 9[[10]] Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué me olvidas?, ¿por qué he de andar sombrío por la opresión del enemigo? 10[[11]] Me rompen todos los huesos los insultos de mis adversarios, todo el día repitiéndome: ¿Dónde está tu Dios? 11[[12]] ¿Por qué desfallezco ahora y me siento tan azorado? Espero en Dios, aún lo alabaré: ¡Salvación de mi rostro, Dios mío!