Sal 19, 1-12
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1(18) Del maestro de coro. Salmo. De David. [[2]] Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento anuncia la obra de sus manos; 2[[3]] el día al día comunica el mensaje, la noche a la noche le pasa la noticia. 3[[4]] Sin hablar y sin palabras, y sin voz que pueda oírse * , 4[[5]] por toda la tierra resuena su proclama, por los confines del orbe sus palabras. En lo alto, para el sol, plantó una tienda, 5[[6]] y él, como esposo que sale de su alcoba, se recrea, como atleta, corriendo su carrera * . 6[[7]] Tiene su salida en un extremo del cielo, y su órbita alcanza al otro extremo, sin que haya nada que escape a su ardor. 7[[8]] La ley de Yahvé es perfecta, hace revivir; el dictamen de Yahvé es veraz, instruye al ingenuo. 8[[9]] Los preceptos de Yahvé son rectos, alegría interior; el mandato de Yahvé es límpido, ilumina los ojos. 9[[10]] El temor de Yahvé es puro, estable por siempre; los juicios del Señor veraces, justos todos ellos, 10[[11]] apetecibles más que el oro, que el oro más fino; más dulces que la miel, más que el jugo de panales. 11[[12]] Por eso tu siervo se empapa en ellos, guardarlos trae gran ganancia. 12[[13]] Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros? De las faltas ocultas límpiame.