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Sal 103, 1-22

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1(102) De David. Bendice, alma mía, a Yahvé, el fondo de mi ser, a su santo nombre. 2Bendice, alma mía, a Yahvé, nunca olvides sus beneficios. 3Él, que tus culpas perdona, que cura todas tus dolencias, 4rescata tu vida de la fosa, te corona de amor y ternura, 5satura de bienes tu existencia * , y tu juventud se renueva como la del águila. 6Yahvé realiza obras de justicia y otorga el derecho al oprimido, 7manifestó a Moisés sus caminos, a los hijos de Israel sus hazañas. 8Yahvé es clemente y misericordioso, lento a la cólera y lleno de amor * ; 9no se querella eternamente, ni para siempre guarda rencor; 10no nos trata según nuestros yerros, ni nos paga según nuestras culpas. 11Como se alzan sobre la tierra los cielos, igual de grande es su amor con sus adeptos * ; 12como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros crímenes. 13Como un padre se encariña con sus hijos, así de tierno es Yahvé con sus adeptos; 14que él conoce de qué estamos hechos, sabe bien que sólo somos polvo. 15¡El hombre! Como la hierba es su vida, como la flor del campo, así florece; 16lo azota el viento y ya no existe, ya no lo reconoce su morada. 17Pero el amor de Yahvé es eterno con todos que le son adeptos; de hijos a hijos pasa su justicia, 18para quienes saben guardar su alianza, y se acuerdan de cumplir sus mandatos. 19Yahvé asentó su trono en el cielo, su soberanía gobierna todo el universo. 20Bendecid a Yahvé, ángeles suyos, héroes potentes que cumplís sus órdenes en cuanto oís la voz de su palabra. 21Bendecid a Yahvé, todas sus huestes, servidores suyos que hacéis su voluntad. 22Bendecid a Yahvé, todas sus obras, en todos los lugares de su imperio. ¡Bendice, alma mía, a Yahvé!