Rom 8, 13-24
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)13pues, si vivís según la carne, moriréis. Pero si con el Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis. 14En efecto, todos los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios * . 15Y vosotros no habéis recibido un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre * ! 16El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio * de que somos hijos de Dios. 17Y, si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, si compartimos sus sufrimientos, para ser también con él glorificados. 18Soy consciente de que los sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria que se ha de manifestar en nosotros. 19Incluso la creación espera ansiosa y desea vivamente el momento en que se revele nuestra condición de hijos de Dios * . 20La creación, en efecto, fue sometida a la caducidad, no espontáneamente, sino por voluntad de aquel que la sometió * ; pero latía en ella la esperanza 21de verse liberada de la esclavitud de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. 22Pues sabemos que la creación entera viene gimiendo hasta el presente y sufriendo dolores de parto. 23Pero no sólo ella. También nosotros mismos, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior anhelando la liberación de nuestro cuerpo * . 24Porque nuestra salvación está relacionada con la esperanza * . En efecto, si esperamos algo que se ve, eso no es esperanza, pues ¿cómo es posible esperar una cosa que se ve?