Neh 9, 6-31
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)6¡Tú, Yahvé, tú el único! Tú hiciste los cielos, el cielo de los cielos y todo su ejército estelar, la tierra y todo cuanto abarca, los mares y todo cuanto encierran. Tú animas todas estas cosas, y el ejército del cielo se prosterna ante ti. 7Tú, Yahvé, eres el Dios que elegiste a Abrán, le sacaste de Ur de Caldea y le diste el nombre de Abrahán. 8Viste que su corazón te era fiel, e hiciste alianza con él, para darle el país de los cananeos, de los hititas y amorreos, de perizitas, jebuseos y guirgaseos, a él y a su posteridad. Y has mantenido tu palabra, porque eres justo. 9Tú viste la aflicción de nuestros antepasados en Egipto, y escuchaste su clamor junto al mar de Suf. 10Obraste señales y prodigios, contra el faraón y sus siervos, y contra toda la gente de su país, pues sabías que eran altivos con ellos. ¡Tu fama ha llegado hasta el día de hoy! 11Tú hendiste el mar ante ellos: lo atravesaron a pie enjuto. Hundiste en los abismos a todos sus perseguidores; se hundieron como una piedra en aguas tumultuosas. 12De día los guiaste con columna de nube, con columna de fuego por la noche, para alumbrar ante ellos el camino que debían recorrer. 13Bajaste sobre el monte Sinaí, desde el cielo les hablaste; les diste normas justas, leyes verdaderas, preceptos y mandamientos excelentes; 14les diste a conocer tu santo sábado; les ordenaste mandamientos, les prescribiste preceptos * y la Ley por mano de Moisés, tu siervo. 15Del cielo les mandaste pan para que saciaran su hambre; hiciste brotar agua de la roca para que apagaran su sed. Y les mandaste ir a apoderarse de la tierra que tú juraste darles mano en alto. 16Nuestros padres se volvieron altivos, endurecieron su cerviz y desoyeron tus mandatos. 17No quisieron oír, no recordaron los prodigios que con ellos hiciste; endurecieron la cerviz y se obstinaron en volver a Egipto * y seguir siendo siervos. Pero tú eres el Dios que perdonas, clemente y misericordioso, tardo a la cólera y rico en bondad. ¡No los desamparaste! 18Ni siquiera cuando se fabricaron un becerro de metal fundido y exclamaron: «¡Éste es tu dios que te sacó de Egipto!», haciéndote un gran desprecio. 19Tú, en tu inmensa ternura, no los abandonaste en el desierto: la columna de nube no se apartó de su lado, para guiarles de día por la ruta, ni la columna de fuego por la noche, para alumbrar ante ellos el camino que debían recorrer. 20Les diste tu espíritu bueno para instruirles; el maná no retiraste de su boca, y para su sed agua les diste. 21Los sustentaste en el desierto cuarenta años, y nada les faltó: ni sus vestidos se gastaron ni se hincharon sus pies. 22Reinos y pueblos les donaste y las tierras vecinas repartiste: se apoderaron del país de Sijón, rey de Jesbón * , y del país de Og, rey de Basán. 23Multiplicaste sus hijos como estrellas del cielo, los condujiste a la tierra de la que dijiste a sus antepasados que la tomarían en posesión. 24Llegaron los hijos y tomaron el país, y tú ante ellos aplastaste a los habitantes del país, los cananeos, los pusiste en sus manos, con sus reyes y las gentes del país, para que los trataran a merced de su capricho. 25Conquistaron ciudades fortificadas y una tierra generosa; y heredaron casas repletas de copiosos bienes, cisternas ya excavadas, viñas y olivares, árboles frutales sin medida: comieron, se saciaron, engordaron, disfrutaron con tus inmensos bienes. 26Pero después, indóciles, se rebelaron contra ti, se echaron tu Ley a sus espaldas, mataron a los profetas que les invitaban a convertirse a ti y te hicieron un enorme agravio. 27Entonces tú los entregaste en manos de sus enemigos, que se dedicaron a oprimirlos. Oprimidos, clamaban a ti, y tú los escuchabas desde el cielo; y lleno de ternura les mandabas salvadores, que los libraron de las manos opresoras. 28Pero, apenas en paz, volvían a ofenderte con el mal, y tú los abandonabas en las manos de sus enemigos opresores. Cuando de nuevo te pedían auxilio, tú los escuchabas desde el cielo: ¡cuántas veces los salvó tu ternura! 29Les conminaste a volver a tu Ley, pero ellos, llenos de orgullo, no escucharon tus mandatos; pecaron contra tus normas, que dan la vida a quien las cumple; dieron la espalda y, tercos, se negaron a escuchar. 30Tuviste paciencia con ellos durante muchos años; les advertiste por tu espíritu, por boca de tus profetas; pero ellos no escucharon. Así que los entregaste en manos de las gentes de los países. 31Pero, lleno de inmensa ternura, no los aniquilaste ni abandonaste, porque eres tú Dios clemente y lleno de ternura.