Neh 5, 8-19
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)8y les dije: «Nosotros hemos rescatado, en la medida de nuestras posibilidades, a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a las naciones. ¡Y ahora sois vosotros los que vendéis a vuestros hermanos para que nosotros se los compremos! * » Ellos callaron sin saber qué responder. 9Yo * continué: «No está bien lo que estáis haciendo. ¿No queréis vivir respetando a nuestro Dios, para evitar los insultos de las naciones enemigas? 10También yo, mis hermanos y mi gente, les hemos prestado dinero y trigo. Pues bien, condonemos estas deudas. 11Restituidles inmediatamente sus campos, sus viñas, sus olivares y sus casas, y perdonadles la deuda * del dinero, del trigo, del vino y del aceite que les habéis prestado * .» 12Respondieron ellos: «Se lo restituiremos, y no volveremos a reclamarles nada. Haremos como tú has dicho.» Entonces llamé a los sacerdotes y les hice jurar que harían cumplir esta promesa. 13Luego sacudí los pliegues de mi manto, diciendo: «¡Así sacuda Dios, fuera de su casa y de su hacienda, a todo aquel que no mantenga esta palabra: así sea sacudido y despojado!» Toda la asamblea respondió: «¡Amén!», y alabó a Yahvé. La gente cumplió esta palabra. 14Además * , desde el día en que el rey * me nombró gobernador del país de Judá, desde el año veinte hasta el treinta y dos del rey Artajerjes, durante doce años, ni yo ni mis hermanos comimos jamás del pan del gobernador * . 15En cambio, los gobernadores que me precedieron * gravaban al pueblo: les exigían pan y vino, además de cuarenta siclos de plata. Hasta sus servidores oprimían al pueblo. Pero yo, por respeto a Dios, no hice nunca esto. 16Además, he ayudado a la obra de la reparación de esta muralla y, aunque no he adquirido campos, toda mi gente estaba también allí colaborando en la tarea. 17A mi mesa se sentaban ciento cincuenta, entre jefes * y consejeros, sin contar los que venían a nosotros de las naciones vecinas 18Diariamente se aderezaban a expensas mías un toro, seis carneros escogidos y aves; y cada diez días se traía cantidad de odres de vino * . Y a pesar de todo, jamás reclamé el pan del gobernador, porque un duro trabajo gravaba ya al pueblo. 19¡Acuérdate, Dios mío, para mi bien, de todo lo que he hecho por este pueblo!