Mc 8, 22-25
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)22Cuando llegaron a Betsaida, le presentaron un ciego y le suplicaron que le tocase. 23Tomando al ciego de la mano, lo sacó fuera del pueblo y, tras untarle saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?» 24Él, alzando la vista * , dijo: «Veo a los hombres, pero los veo como árboles que andan.» 25Después, volvió a ponerle las manos en los ojos y comenzó a ver perfectamente. El ciego quedó curado, de suerte que distinguía de lejos claramente todas las cosas.