Mc 7, 32-37
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)32Le presentaron un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le rogaron que impusiera la mano sobre él. 33Jesús, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. 34Después levantó los ojos al cielo, dio un gemido y le dijo: « Effatá », que quiere decir ‘¡Ábrete!’ 35Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. 36Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más lo propagaban ellos. 37La gente quedó maravillada sobremanera, y comentaban: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»