Mc 5, 21-43
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)21Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente. Él estaba a la orilla del mar. 22Llegó entonces uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, que, al verle, cayó a sus pies, 23y le suplicaba con insistencia: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.» 24Jesús se fue con él. Le seguía un gran gentío que lo oprimía. 25Había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, 26y que había sufrido mucho con numerosos médicos. Había gastado todos sus bienes sin encontrar alivio; al contrario, había ido a peor. 27Sabedora de lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. 28Y es que pensaba: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.» 29Inmediatamente se le detuvo la hemorragia y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. 30Al instante Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y preguntó: «¿Quién me ha tocado los vestidos * ?» 31Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime, ¿y preguntas quién te ha tocado?» 32Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. 33Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa * , se postró ante él y le contó toda la verdad. 34Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad.» 35Mientras estaba hablando, llegaron unos de la casa del jefe de la sinagoga diciendo: «Tu hija ha muerto. ¿A qué molestar ya al Maestro?» 36Jesús, que oyó el comentario, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta con que tengas fe.» 37Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago * . 38Llegaron a la casa del jefe de la sinagoga y observaron el alboroto, unos que lloraban y otros que daban fuertes gritos. 39Jesús entró y les dijo: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.» 40Los presentes se burlaban de él. Pero él, después de echar fuera a todos, tomó consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entró donde estaba la niña. 41Tomó entonces la mano de la niña y le dijo: «Talitá kum * », que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate.» 42La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor; 43él, por su parte, les insistió mucho en que nadie lo supiera. Después les dijo que dieran de comer a la niña.