Mc 1, 1-45
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Comienzo del Evangelio * de Jesús, el Cristo * , Hijo de Dios * . 2Conforme está escrito en el profeta Isaías: Voy a envíar a mi mensajero delante de ti , el que ha de preparar tu camino . 3Voz del que clama en el desierto : Preparad el camino del Señor , enderezad sus sendas , 4apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados. 5Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, tras confesar sus pecados. 6Juan llevaba un vestido de piel de camello * , y se alimentaba de langostas y miel silvestre. 7Y proclamaba: «Detrás de mí viene uno que es más fuerte que yo; y no soy digno de inclinarme y desatarle la correa de sus sandalias. 8Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.» 9Por aquel entonces vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10En cuanto salió del agua, vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba sobre él. 11Entonces se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco.» 12A continuación, el Espíritu lo empujó al desierto, 13y permaneció allí cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían. 14Después que Juan fuese entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: 15«El tiempo se ha cumplido * y el Reino de Dios ha llegado; convertíos y creed en la Buena Nueva.» 16Iba Jesús bordeando el mar de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano Andrés largando las redes en el mar, pues eran pescadores. 17Jesús les dijo: «Venid conmigo * , y os haré llegar a ser pescadores de hombres.» 18Ellos dejaron las redes al instante y le siguieron. 19Continuó caminando un poco y vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en la barca arreglando las redes. 20Al instante los llamó, y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él. 21Al poco de llegar a Cafarnaún, entró el sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. 22Y la gente quedaba asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. 23Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo * , que se puso a gritar: 24«¿Qué tenemos nosotros contigo * , Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos * ? Sé quién eres: el Santo de Dios * .» 25Jesús, entonces, le conminó: «Cállate y sal de él.» 26Y el espíritu inmundo lo agitó violentamente, dio un fuerte grito y salió de él. 27Todos quedaron pasmados, de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Da órdenes incluso a los espíritus inmundos, y le obedecen * .» 28Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea. 29Cuando salió de la sinagoga, se fue * con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. 30La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y le hablaron de ella. 31Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre desapareció, y ella se puso a servirles. 32Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron a todos los que se encontraban mal y a los endemoniados. 33La población entera estaba agolpada a la puerta. 34Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Pero no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían * . 35De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario; y allí se puso a hacer oración. 36Simón y sus compañeros fueron en su busca. 37Al encontrarlo, le dijeron: «Todos te buscan.» 38Él replicó: «Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí; pues para eso he salido * .» 39Así que se puso a recorrer toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios. 40Se le acercó un leproso que, puesto de rodillas, le decía suplicante: «Si quieres, puedes limpiarme.» 41Encolerizado * , extendió su mano, lo tocó y le dijo: «Quiero. Queda limpio.» 42Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio. 43Le despidió al instante prohibiéndole severamente: 44«Mira, no digas nada a nadie. Pero vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.» 45Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ningún pueblo, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.