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Lc 5, 17-26

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

17Un día que estaba enseñando, había allí sentados algunos fariseos y doctores de la ley, que habían venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del Señor * le hacía obrar curaciones. 18En esto, unos hombres trajeron en una camilla a un paralítico y trataban de introducirlo, para ponerlo delante de él. 19Pero no encontrando por dónde meterlo, a causa de la multitud, subieron al terrado, lo bajaron con la camilla a través de las tejas * y lo pusieron en medio, delante de Jesús. 20Viendo Jesús la fe que tenían, dijo: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados.» 21Los escribas y fariseos empezaron a pensar: «¿Quién es éste, que dice tales blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?» 22Sabiendo Jesús lo que pensaban, les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestro interior? 23¿Qué es más fácil, decir ‘Tus pecados te quedan perdonados’ o decir ‘Levántate y anda’? 24Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dijo al paralítico—: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’.» 25Se levantó entonces delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, alabando a Dios. 26El asombro se apoderó de todos y alababan a Dios. Y llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto cosas increíbles.»