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Lc 12, 35-48

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

35«Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas, 36y sed como ésos que esperan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle en cuanto llegue y llame. 37Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre velando. Os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa e irá sirviéndolos uno tras otro. 38Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, ¡dichosos ellos, si los encuentra así! 39Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le abriesen un boquete en su casa. 40Estad también vosotros preparados, porque, cuando menos lo penséis, vendrá el Hijo del hombre.» 41Preguntó Pedro: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?» 42Respondió el Señor: «¿Quién es, pues, el administrador * fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? 43Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. 44Os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. 45Pero si aquel siervo dice para sus adentros: ‘Mi señor tarda en volver’, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, 46volverá el señor de aquel siervo el día menos esperado y en el momento más imprevisto, lo castigará severamente y le señalará su suerte entre los infieles. 47«Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; 48el que no la conoce y hace cosas que merecen azotes, recibirá pocos. A quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más.