Lc 12, 13-34
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)13Uno de los presentes le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.» 14Él le respondió: «¡Hombre! ¿Quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?» 15Y añadió: «Guardaos muy bien de toda codicia, porque las riquezas no garantizan la vida de un hombre, por muchas que tenga.» 16Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron una abundante cosecha; 17y pensaba para sus adentros: ‘¿Qué haré ahora, si no tengo dónde almacenar todo el grano?’ 18Entonces se dijo: ‘Ya sé lo que voy a hacer. Demoleré mis graneros y edificaré otros más grandes; almacenaré allí todo mi trigo y mis bienes, 19y me diré: Ahora ya tienes abundantes bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe y banquetea.’ 20Pero Dios le dijo: ‘¡Qué necio eres! Esta misma noche te reclamarán la vida. ¿Para quién será entonces todo lo que has preparado?’ 21Así es el que atesora riquezas para sí y no se enriquece en orden a Dios.» 22Dijo a sus discípulos: «Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, pensando qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, discurriendo con qué os vestiréis, 23pues la vida * vale más que el alimento y el cuerpo más que el vestido. 24Fijaos en los cuervos: ni siembran, ni cosechan; no tienen bodega ni granero, pero Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que las aves! 25Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un codo a la medida de su vida? 26Entonces, si no sois capaces ni de lo más pequeño, ¿por qué preocuparos de lo demás? 27Fijaos en los lirios: ni hilan ni tejen * . Pero yo os digo que ni Salomón, en todo su esplendor, se vistió como uno de ellos. 28Pues si Dios viste así a la hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al horno, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe! 29Así, pues, no andéis buscando qué comer ni qué beber, ni os inquietéis por eso, 30pues por todas esas cosas se afanan los paganos del mundo. Vuestro Padre ya sabe que tenéis necesidad de eso. 31Buscad más bien su Reino, y esas cosas se os darán por añadidura. 32«No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino. 33«Vended vuestros bienes y dadlos en limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla corroe. 34Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.