Lc 11, 33-36
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)33«Nadie enciende una lámpara y la pone en un sitio oculto o debajo del celemín, sino en el candelero, para que los que entren vean el resplandor. 34Tu ojo es la lámpara de tu cuerpo. Cuando tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará iluminado; pero cuando está malo, también tu cuerpo estará a oscuras. 35Mira, pues, que la luz que hay en ti no sea oscuridad. 36Pues si tu cuerpo está enteramente iluminado, sin parte alguna oscura, estará tan enteramente iluminado como cuando la lámpara te ilumina con su resplandor * .»