Jr 38, 1-13
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Oyeron Sefatías, hijo de Matán, Godolías, hijo de Pasjur, hijo de Malquías, las palabras que Jeremías estaba dirigiendo al pueblo: 2«Esto dice Yahvé: Quien se quede en esta ciudad morirá víctima de la espada, el hambre y la peste, mas quien se entregue a los caldeos vivirá, y eso saldrá ganando. 3Esto dice Yahvé: Esta ciudad será entregada sin remedio en manos de las tropas del rey de Babilonia, que la tomará.» 4Aquellos notables dijeron al rey: «Hay que condenar a muerte a ese hombre, porque con eso desmoraliza a los guerreros que quedan en esta ciudad y a toda la plebe, diciéndoles tales cosas. Porque este hombre no procura en absoluto el bien del pueblo, sino su daño.» 5Dijo el rey Sedecías: «Ahí lo tenéis en vuestras manos, pues nada podría el rey contra vosotros * .» 6Ellos se apoderaron de Jeremías y lo echaron a la cisterna de Malquías, hijo del rey, que había en el patio de la guardia, descolgando a Jeremías con sogas. En la cisterna no había agua, sino fango, y Jeremías se hundió en él. 7Pero Ebedmélec el cusita * —un eunuco de la casa del rey— oyó que habían metido a Jeremías en la cisterna. El rey estaba sentado en la puerta de Benjamín. 8Salió Ebedmélec del palacio real y habló al rey en estos términos: 9«Oh, mi señor, el rey, está muy mal todo cuanto esos hombres han hecho con el profeta Jeremías, arrojándolo a la cisterna. Total, lo mismo se iba a morir de hambre, pues no quedan ya víveres en la ciudad.» 10Entonces ordenó el rey a Ebedmélec el cusita: «Toma tú mismo de aquí treinta hombres, y saca al profeta Jeremías del pozo antes de que muera.» 11Ebedmélec tomó consigo a los hombres y, entrando en el palacio real, al vestuario del tesoro * , tomó allí deshechos de paños y telas, y con sogas los descolgó por la cisterna hasta Jeremías. 12Dijo Ebedmélec el cusita a Jeremías: «Hala, ponte los deshechos de paños y telas entre los sobacos y las sogas.» Así lo hizo Jeremías, 13y halando a Jeremías con las sogas lo subieron de la cisterna. Y Jeremías se quedó en el patio de la guardia.