Jr 26, 1-24
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Al principio del reinado de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, recibió Jeremías * esta palabra de Yahvé: 2Esto dice Yahvé: Ponte en el patio del templo de Yahvé y pronuncia contra todas las ciudades de Judá, contra esos que vienen al templo a adorar a Yahvé, todas las palabras que yo te he mandado hablarles, sin omitir ninguna. 3A lo mejor escuchan y abandonan su mal camino, y yo me arrepentiría del mal que estoy pensando hacerles por la maldad de sus obras. 4Les dirás, pues: «Esto dice Yahvé: Si no me escucháis y andáis según la Ley que os propuse, 5oyendo las palabras de mis siervos los profetas que yo os envío asiduamente (pero no habéis hecho caso), 6entonces haré con este templo como con Siló, y entregaré esta ciudad a la maldición de todas las gentes de la tierra.» 7Los sacerdotes, los profetas y todos los presentes oyeron a Jeremías decir estas palabras en el templo de Yahvé. 8Luego que Jeremías hubo acabado de hablar todo lo que le había ordenado Yahvé que comunicase a la gente, le prendieron los sacerdotes, los profetas y toda la gente, y le dijeron: «¡Vas a morir! 9¿Por qué has profetizado en nombre de Yahvé, diciendo: ‘Como Siló quedará este templo; esta ciudad será arrasada, sin nadie que la habite’?» Toda la gente se arremolinó en torno a Jeremías en el templo de Yahvé. 10Cuando oyeron esto los jefes de Judá, subieron del palacio real al templo de Yahvé y se sentaron a la entrada de la Puerta Nueva del templo de Yahvé * . 11Los sacerdotes y los profetas se dirigieron a los jefes y a toda la gente con estas palabras: «¡Este hombre merece la muerte por haber profetizado contra esta ciudad, como habéis oído con vuestros propios oídos!» 12Dijo Jeremías a todos los jefes y a toda la gente: «Yahvé me ha enviado a profetizar sobre este templo y esta ciudad todo lo que habéis oído. 13Ahora bien, mejorad vuestros caminos y vuestras obras y oíd la voz de Yahvé vuestro Dios; así se arrepentirá Yahvé del mal que ha pronunciado contra vosotros. 14En cuanto a mí, aquí me tenéis en vuestras manos: haced conmigo como mejor y más acertado os parezca. 15Empero, sabed de fijo que si me matáis vosotros a mí, sangre inocente cargaréis sobre vosotros y sobre esta ciudad y sus moradores, porque en verdad Yahvé me ha enviado a vosotros para que os transmita directamente estas palabras.» 16Dijeron los jefes y todo el pueblo a los sacerdotes y profetas: «No merece este hombre sentencia de muerte, porque nos ha hablado en nombre de Yahvé nuestro Dios.» 17Algunos de los más ancianos del país se pusieron en pie y dijeron a toda la asamblea del pueblo: 18«Miqueas de Moréset profetizó en tiempos de Ezequías, rey de Judá, y dijo a todo el pueblo de Judá: Esto dice Yahvé Sebaot: Sión será un campo arado, Jerusalén, un montón de ruinas, y el monte del templo, un cerro agreste * . 19¿Por ventura le mataron Ezequías, rey de Judá, y todo Judá?, ¿no temió más bien a Yahvé y le hizo propicio? Y de ese modo Yahvé se arrepintió del daño con que les había amenazado. Mientras que nosotros estamos haciéndonos mucho daño a nosotros mismos.» 20Pero también hubo otro que decía profetizar en nombre de Yahvé —Urías, hijo de Semaías, de Quiriat Yearín—. Él profetizó contra esta ciudad y contra esta tierra en los mismos términos que Jeremías. 21Cuando el rey Joaquín y todos sus oficiales y dignatarios oyeron sus palabras, el rey buscó la ocasión para matarle. Al enterarse Urías, tuvo miedo y huyó, refugiándose en Egipto. 22Pero envió * el rey Joaquín a Elnatán, hijo de Acbor, y otros con él a Egipto. 23Sacaron a Urías de Egipto y lo trajeron al rey Joaquín, quien lo ajustició a espada, y echaron su cadáver a la fosa común. 24Pero Ajicán, hijo de Safán * , defendió a Jeremías e impidió que fuera entregado en manos del pueblo para matarle.