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Jn 10, 1-21

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1«En verdad, en verdad os digo que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; 2pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. 3A éste le abre el portero, y las ovejas atienden a su voz; luego las llama una por una * y las saca fuera. 4Cuando ha sacado a todas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. 5En cambio, no seguirían a un extraño; huirían de él, pues las ovejas no reconocen la voz de los extraños.» 6Jesús les * dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. 7Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo que yo soy la puerta * de las ovejas. 8Cuantos han venido delante de mí * son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. 9Yo soy la puerta. Si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá, y encontrará pasto. 10El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida * y la tengan en abundancia. 11Yo soy el buen pastor * . El buen pastor da su vida por las ovejas. 12Pero el asalariado, que no es pastor, que no es propietario de las ovejas, abandona las ovejas y huye, cuando ve venir al lobo; y el lobo hace presa en ellas y las dispersa. 13Como es asalariado, no le importan nada las ovejas. 14Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas y las mías me conocen a mí * ; 15del mismo modo, el Padre me conoce y yo conozco a mi Padre, y doy mi vida por las ovejas. 16También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas debo conducir * : escucharán mi voz y habrá un solo rebaño * , bajo un solo pastor. 17Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida para recobrarla de nuevo. 18Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente * . Tengo poder para darla y poder para recobrarla; ésa es la orden que he recibido de mi Padre.» 19Se produjo otra vez una disensión entre los judíos por estas palabras. 20Muchos de ellos decían: «Tiene un demonio y está loco. ¿Por qué le escucháis?» 21Pero otros comentaban: «Esas palabras no son de un endemoniado. ¿Puede acaso un demonio abrir los ojos de los ciegos?»