Jdt 10, 1-23
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Acabada su plegaria al Dios de Israel, y dichas todas estas palabras, 2se levantó Judit del suelo, llamó a su sierva y, bajando a la sala donde pasaba los sábados y solemnidades, 3se quitó el sayal que vestía y se despojó de sus vestidos de viuda. Se bañó, se ungió con perfumes exquisitos, se peinó, se puso una diadema en el cabello y se vistió la ropa que llevaba cuando era feliz, en vida de su marido Manasés. 4Se calzó las sandalias, se puso los collares, brazaletes y anillos, sus pendientes y todas sus joyas, y realzó su hermosura cuanto pudo, con ánimo de seducir a todos los hombres que la viesen * . 5Luego entregó a su sierva un odre de vino y un cántaro de aceite, llenó una alforja con harina de cebada, tortas de higos y panes puros * , empaquetó las provisiones y se lo entregó todo igualmente a su sierva. 6A continuación, se dirigieron a la puerta de la ciudad de Betulia, donde se encontraron con Ozías y con Jabrís y Jarmís, ancianos de la ciudad. 7Cuando vieron a Judit con el rostro transformado y mudada de vestidos, se quedaron maravillados de su extremada hermosura y le dijeron: 8«¡Que el Dios de nuestros padres te haga alcanzar favor y dé cumplimiento a tus designios, para gloria de los hijos de Israel y exaltación de Jerusalén!» 9Ella adoró a Dios y les dijo: «Mandad que me abran la puerta de la ciudad para que vaya a poner por obra los deseos de que me habéis hablado.» Ellos mandaron a los jóvenes que le abrieran, tal como lo pedía. 10Así lo hicieron, y salió Judit con su sierva. Los hombres de la ciudad la siguieron con la mirada mientras descendía por la ladera, hasta que llegó al valle; y allí la perdieron de vista. 11Avanzaron ellas a través del valle, hasta que les salió al encuentro una avanzada de los asirios, 12que la detuvieron y preguntaron: «¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿A dónde vas?» Ella respondió: «Hija de hebreos soy y huyo de ellos, porque están a punto de ser devorados por vosotros. 13Vengo a presentarme ante Holofernes, jefe de vuestro ejército, para hablarle con sinceridad * y mostrarle un camino por el que pueda pasar para adueñarse de toda la montaña, sin que perezca ninguno de sus hombres y sin que se pierda una sola vida.» 14Oyéndola hablar aquellos hombres, y viendo la admirable hermosura de su rostro, le dijeron: 15«Has salvado tu vida con tu decisión de bajar a presentarte ante nuestro señor. Dirígete a su tienda, que algunos de los nuestros te acompañarán hasta ponerte en sus manos. 16Cuando estés en su presencia, no tengas miedo; anúnciale tus propósitos y él se portará bien contigo.» 17Y eligieron entre ellos cien hombres que le dieran escolta a ella y a su sierva y las llevaran hasta la tienda de Holofernes. 18Habiéndose corrido por todas las tiendas la noticia de su llegada, concurrió la gente del campamento, que hicieron corro en torno a ella, mientras esperaba, fuera de la tienda, que la anunciasen a Holofernes. 19Se quedaban admirados de su belleza y, por ella, admiraban a los israelitas, diciéndose unos a otros: «¿Quién puede menospreciar a un pueblo que tiene mujeres como ésta? ¡Sería un error dejar con vida a uno solo de ellos, porque los que quedaran serían capaces de engañar a todo el mundo!» 20Salieron, pues, los de la escolta personal de Holofernes y todos sus servidores, y la introdujeron en la tienda. 21Estaba Holofernes descansando en su lecho, bajo colgaduras de oro y púrpura recamadas de esmeraldas y piedras preciosas. 22Cuando se la anunciaron, salió él hasta la entrada de la tienda, precedido de lámparas de plata * . 23Cuando Judit llegó ante Holofernes y sus ministros, todos se maravillaron de la hermosura de su rostro. Cayó ella rostro en tierra y se postró ante él, pero los siervos la levantaron.