Jue 16, 6-18
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)6Dalila dijo a Sansón: «Dime, por favor, de dónde te viene esa fuerza tan grande y con qué habría que atarte para tenerte sujeto.» 7Sansón le respondió: «Si me amarraran con siete cuerdas de arco todavía frescas, sin dejarlas secar, me debilitaría y sería como un hombre cualquiera.» 8Los tiranos de los filisteos llevaron a Dalila siete cuerdas de arco frescas, sin secar aún, y lo amarró con ellas. 9Tenía ella hombres apostados en la alcoba. Entonces le gritó: «Los filisteos te atacan, Sansón.» Él rompió las cuerdas de arco como se rompe el hilo de estopa en cuanto siente el fuego. Así que no se descubrió el secreto de su fuerza. 10Entonces Dalila dijo a Sansón: «Te has reído de mí y me has mentido. Dime pues, por favor, con qué habría que atarte.» 11Él le respondió: «Si me amarraran bien con cordeles nuevos sin usar, me debilitaría y sería como un hombre cualquiera.» 12Dalila cogió unos cordeles nuevos, lo amarró con ellos y le gritó: «Los filisteos te atacan, Sansón.» Tenía ella hombres apostados en la alcoba. Pero él rompió los cordeles de sus brazos como un hilo. 13Entonces Dalila dijo a Sansón: «Hasta ahora te has estado burlando de mí y no me has dicho más que mentiras. Dime con qué habría de amarrarte.» Él le respondió: «Si tejieras las siete trenzas de mi cabellera con la trama y las clavaras con la clavija del tejedor, me debilitaría y sería como un hombre cualquiera.» 14Ella le hizo dormir, tejió luego las siete trenzas de su cabellera con la trama, las clavó con la clavija y le gritó: «Los filisteos te atacan, Sansón.» Él se despertó de su sueño y arrancó la trama y la clavija * . Así que no se descubrió el secreto de su fuerza. 15Dalila le dijo: «¿Cómo puedes decir que me amas, si tu corazón no está conmigo? Tres veces te has reído ya de mí y no me has dicho en qué consiste esa fuerza tan grande.» 16Como todos los días le asediaba con sus palabras y le importunaba, aburrido de la vida, 17le abrió todo su corazón y le dijo: «La navaja no ha pasado jamás por mi cabeza, porque soy nazireo de Dios desde el vientre materno. Si me rasuraran, mi fuerza me abandonaría, me debilitaría y sería como un hombre cualquiera.» 18Dalila comprendió entonces que le había abierto todo su corazón. Mandó llamar entonces a los tiranos de los filisteos y les dijo: «Venid, pues esta vez me ha abierto todo su corazón.» Y los tiranos de los filisteos vinieron donde ella con el dinero en la mano.