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Hch 8, 27-35

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

27Felipe se avió y partió. Por el camino vio a un etíope * eunuco, alto funcionario de Candace, reina de los etíopes, que estaba a cargo de todos sus tesoros y que había venido a adorar en Jerusalén. 28En aquel momento regresaba sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías. 29El Espíritu dijo a Felipe: «Acércate y ponte junto a ese carro.» 30Felipe corrió hasta él y le oyó leer al profeta Isaías. Le preguntó: «¿Entiendes lo que vas leyendo?» 31Él respondió: «¿Cómo lo puedo entender si nadie me guía en la lectura?» El etíope rogó a Felipe que subiese y se sentase con él. 32El pasaje de la Escritura que iba leyendo era éste * : «Fue llevado como una oveja al matadero ; y como cordero, mudo delante del que lo trasquila , así él no abre la boca . 33En su humillación le fue negada la justicia ; ¿quién podrá contar su descendencia? Porque su vida fue arrancada de la tierra.» 34El eunuco preguntó a Felipe: «Te ruego que me digas de quién dice esto el profeta: ¿de sí mismo o de otro?» 35Felipe entonces tomó la palabra y, partiendo de este texto de la Escritura, se puso a anunciarle la Buena Nueva de Jesús.