Hch 8, 13-24
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)13Incluso el mismo Simón creyó, hasta el punto que, una vez bautizado, no se apartaba de Felipe, pues estaba atónito al ver los signos y grandes milagros que se realizaban. 14Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaría había aceptado la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. 15Éstos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo, 16pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. 17Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo. 18Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se transmitía el Espíritu, les ofreció dinero y les dijo: 19«Dadme a mí también ese poder: que reciba el Espíritu Santo aquel a quien yo imponga las manos.» 20Pedro le contestó: «Que tu dinero te sirva de perdición, por haber pensado que el don de Dios * se compra con dinero. 21En este asunto no tienes tú parte ni herencia, pues no piensas rectamente en lo tocante a Dios. 22Arrepiéntete, pues, de esa maldad y ruega al Señor, a ver si se te perdonan esos pensamientos; 23porque veo que estás amargado, como la hiel, y encadenado por la maldad * .» 24Simón respondió: «Rogad vosotros al Señor por mí, para que no me sobrevenga ninguna de esas cosas que habéis dicho * .»