Hch 5, 17-32
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)17Entonces intervinieron el Sumo Sacerdote * y todos los suyos, los de la secta de los saduceos, que, llenos de envidia, 18echaron mano a los apóstoles y los metieron en prisión públicamente. 19Pero el ángel del Señor, por la noche, abrió las puertas de la cárcel, los sacó y les dijo: 20«Id, presentaos en el Templo y comunicad al pueblo todo lo referente a esta Vida * .» 21Ellos obedecieron, y al amanecer entraron en el Templo y se pusieron a enseñar. Llegó el Sumo Sacerdote con los suyos, convocaron al Sanedrín, es decir, a todo el Senado * de los israelitas, y enviaron a buscarlos a la prisión. 22Al llegar los alguaciles y no encontralos en la cárcel, volvieron a darles cuenta 23de lo sucedido: «Hemos hallado la prisión cerrada con todo cuidado y a los guardias firmes ante las puertas; pero, cuando abrimos, no encontramos a nadie dentro.» 24Cuando oyeron esto, tanto el jefe de la guardia del Templo como los sumos sacerdotes se preguntaban perplejos qué podía significar aquello. 25Se presentó entonces uno que les dijo: «Mirad, los hombres que encerrasteis en la cárcel están presentes en el Templo y siguen enseñando al pueblo.» 26Entonces el jefe de la guardia marchó con los alguaciles y los trajo, pero sin violencia, porque tenían miedo de que la gente los apedrease. 27Los trajeron, pues, y los presentaron en el Sanedrín. El Sumo Sacerdote les interrogó; 28les dijo: «Os prohibimos severamente enseñar en ese nombre * ; sin embargo, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y pretendéis hacernos culpables de la muerte de ese hombre.» 29Pedro y los apóstoles respondieron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. 30El Dios de nuestros antepasados resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero * . 31Y Dios lo ha exaltado con su diestra como Jefe y Salvador * , para conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados. 32Nosotros somos testigos de estos hechos, y también el Espíritu Santo * que ha dado a los que le obedecen.»