Hch 28, 1-10
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Una vez a salvo, pudimos saber que la isla se llamaba Malta. 2Los nativos nos mostraron una humanidad poco común; encendieron una hoguera e hicieron que nos acercáramos todos para resguardarnos de la lluvia que caía y del frío. 3Pablo había reunido una brazada de ramas secas; pero, al ponerla sobre la hoguera, una víbora, que salía huyendo del calor, le mordió en la mano. 4Los nativos, cuando vieron el animal colgado de su mano, comentaban entre sí: «Este hombre es seguramente un asesino. Ha escapado del mar, pero la justicia divina * no le permite vivir.» 5Pero Pablo sacudió el animal sobre el fuego y no sufrió daño alguno. 6Ellos estaban esperando, pensando que se hincharía o que caería muerto de repente; pero, después de esperar largo tiempo y viendo que no le ocurría nada anormal, cambiaron de parecer y empezaron a decir que era un dios. 7En las cercanías de aquel lugar tenía unas propiedades el principal de la isla, un tal Publio, que nos recibió y nos dio amablemente hospedaje durante tres días. 8Precisamente el padre de Publio se hallaba en cama atacado de fiebres y disentería. Pablo entró a verlo, hizo oración, le impuso las manos y lo curó. 9Después de este suceso, los otros enfermos de la isla acudían y eran curados. 10Tuvieron para con nosotros toda suerte de consideraciones, y a nuestra partida nos proveyeron de lo necesario.