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Hch 22, 22-29

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

22Estuvieron escuchándole hasta que dijo esto. Entonces empezaron a gritar: «¡Haz que desaparezca de la tierra! ¡No merece vivir!» 23Vociferaban, agitaban sus vestidos y arrojaban polvo al aire. 24El tribuno ordenó que lo llevaran dentro del cuartel y lo sometieran a los azotes reglamentarios, para averiguar por qué motivo gritaban así contra él. 25Cuando lo tenían estirado con las correas, dijo Pablo al centurión que estaba allí: «¿Os está permitido azotar a un ciudadano romano sin haberlo juzgado?» 26Al oír esto el centurión, fue donde el tribuno y le dijo: «¿Qué vas a hacer? Este hombre es ciudadano romano.» 27Acudió el tribuno y le preguntó: «Dime, ¿eres ciudadano romano?» —«Sí», respondió. 28—«Yo, dijo el tribuno, conseguí esta ciudadanía por una fuerte suma.» —«Pues yo, contestó Pablo, la tengo por nacimiento.» 29Los que iban a torturarlo se retiraron de inmediato. El tribuno se asustó al darse cuenta que lo había encadenado * siendo ciudadano romano.