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Hch 22, 1-21

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1«Hermanos y padres, escuchad la defensa que ahora hago ante vosotros.» 2Al oír que les hablaba en lengua hebrea, el silencio se hizo más profundo. Pablo continuó: 3«Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad e instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley de nuestros antepasados. Estuve lleno de celo por Dios, como lo estáis todos vosotros el día de hoy. 4Yo perseguí a muerte a este Camino * , encadenando y encarcelando a hombres y mujeres, 5como pueden certificarlo el Sumo Sacerdote y todo el consejo de ancianos. De ellos recibí también cartas para los hermanos de Damasco y me puse en camino con intención de traer también encadenados a Jerusalén a todos los que allí había, para que fueran castigados. 6«Pero yendo de camino, estando ya cerca de Damasco, hacia el mediodía, me envolvió de repente una gran luz venida del cielo. 7Caí entonces al suelo y oí una voz que me decía: ‘Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?’ 8Yo respondí: ‘¿Quién eres, Señor?’ Me dijo: ‘Yo soy Jesús Nazoreo, a quien tú persigues.’ 9Los que estaban allí vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. 10Pregunté entonces: ‘¿Qué he de hacer, Señor?’ El Señor me respondió: ‘Levántate y vete a Damasco. Allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas.’ 11Como yo no veía, a causa del resplandor de aquella luz, llegué a Damasco conducido de la mano por mis compañeros. 12«Un tal Ananías, hombre piadoso como manda la Ley y bien acreditado por todos los judíos que habitaban allí * , 13vino a verme y, presentándose ante mí, me dijo: ‘Saúl, hermano, recobra la vista.’ Y en aquel momento lo pude ver. 14Él me dijo: ‘El Dios de nuestros antepasados te ha destinado para que conozcas su voluntad, veas al Justo * y escuches la voz de sus labios, 15pues has de ser su testigo ante todos los hombres, proclamando lo que has visto y oído * . 16Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre.’ 17«De vuelta ya en Jerusalén * , y mientras rezaba en el Templo, caí en éxtasis. 18Entonces lo vi y oí que me decía: ‘Date prisa y marcha inmediatamente de Jerusalén, pues no van a aceptar el mensaje que les transmitas acerca de mí * .’ 19Yo respondí: ‘Señor, ellos saben que yo andaba por las sinagogas encarcelando y azotando a los que creían en ti; 20y cuando se derramó la sangre de tu testigo * Esteban, yo también me hallaba presente, aprobando la acción y guardando los vestidos de los que lo estaban matando.’ 21Él añadió: ‘Marcha, porque voy a enviarte lejos, a los gentiles * ’.»