Hch 21, 27-40
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)27Cuando estaban a punto de cumplirse los siete días, los judíos venidos de Asia lo vieron en el Templo. Amotinaron entonces a todo el pueblo, lo echaron mano 28y se pusieron a gritar: «¡Auxilio, hombres de Israel! Éste es el hombre que va enseñando a todos, por todas partes, cosas contra el pueblo, contra la Ley y contra este Lugar * . Y hasta ha llegado a introducir a unos griegos en el Templo, profanando así este Lugar Santo.» 29(Es que habían visto anteriormente con él en la ciudad a Trófimo, de Éfeso, a quien creían que Pablo había introducido en el Templo.) 30La ciudad entera se alborotó, y la gente concurrió de todas partes. Se apoderaron de Pablo y lo arrastraron fuera del Templo; inmediatamente cerraron las puertas. 31Intentaban darle muerte, cuando alguien subió a decir al tribuno de la cohorte * : «Toda Jerusalén está revuelta.» 32Inmediatamente tomó consigo soldados y centuriones y bajó corriendo. Ellos, al ver al tribuno y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo. 33Entonces el tribuno se acercó y mandó que lo detuvieran y lo atasen con dos cadenas. Después empezó a preguntar quién era y qué había hecho. 34Pero entre la gente no había unanimidad: unos gritaban una cosa y otros otra. Al ver que no podía sacar nada en limpio a causa del alboroto, ordenó que lo llevasen al cuartel. 35Cuando llegó a las escaleras, tuvo que ser llevado a hombros por los soldados a causa de la violencia de la gente; 36pues toda la multitud le iba siguiendo y gritando: «¡Mátalo!» 37Cuando iban ya a meterle en el cuartel, Pablo dijo al tribuno: «¿Me permites decirte una palabra?» Él le contestó: «Pero, ¿sabes griego? 38¿No eres tú entonces el egipcio que estos últimos días ha amotinado y llevado al desierto a los cuatro mil terroristas * ?» 39Pablo respondió: «Yo soy judío, de Tarso de Cilicia, una ciudad no insignificante. Te ruego que me permitas hablar a la gente.» 40El tribuno se lo permitió. Pablo, de pie sobre las escaleras, pidió con la mano silencio a la gente. Se hizo un gran silencio, y Pablo les dirigió la palabra en lengua hebrea * .