Hch 20, 17-38
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)17Desde Mileto mandó Pablo llamar a los presbíteros de la iglesia de Éfeso. 18Cuando llegaron ante él, les dijo * : «Sabéis bien cómo me he comportado siempre con vosotros, desde el primer día que entré en Asia, 19sirviendo al Señor con toda humildad y lágrimas, y aceptando las pruebas que me vinieron por las asechanzas de los judíos. 20Sabéis también que no omití por miedo nada de lo que podía seros útil; os predicaba y enseñaba en público y por las casas, 21hablando abiertamente tanto a judíos como a griegos, para que se convirtieran a Dios y creyeran en nuestro Señor Jesús * . 22«Ahora, encadenado en el espíritu * , me dirijo a Jerusalén, sin saber lo que allí me sucederá. 23Sólo sé que el Espíritu Santo me asegura que en cada ciudad me aguardan prisiones y tribulaciones. 24Pero yo no considero mi vida digna de estima * , con tal que lleve a término mi carrera y el ministerio que he recibido del Señor Jesús: anunciar el Evangelio de la gracia de Dios. 25«En este momento soy consciente de que no volveréis a verme * ninguno de vosotros, entre quienes pasé predicando el Reino. 26Por esto, puedo aseguraros en el día de hoy que me siento libre de culpa respecto a todos, 27pues el miedo no me impidió anunciaros todo el designio de Dios. 28«Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios * , que él se adquirió con la sangre de su propio hijo * . 29«Sé muy bien que, después de mi partida, se introducirán entre vosotros lobos feroces que no escatimarán medios para atacar al rebaño; 30y también que entre vosotros mismos aparecerán algunos propalando falsedades, para arrastrar tras de sí a los discípulos. 31Por tanto, vigilad y acordaos que durante tres años no he cesado de amonestaros día y noche con lágrimas a cada uno de vosotros. 32«Ahora os encomiendo a Dios y a su palabra de gracia, que tiene poder * para construir el edificio de los creyentes y daros la herencia con todos los santificados. 33«Nunca he codiciado plata, oro o vestidos de nadie. 34Vosotros sabéis que estas manos proveyeron a mis necesidades y a las de mis compañeros. 35En toda ocasión os he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles, y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, cuando dijo: ‘Mayor felicidad hay en dar que en recibir’ * .» 36Dicho esto, se puso de rodillas y oró con todos ellos. 37Entonces rompieron todos a llorar y, arrojándose al cuello de Pablo, le besaban, 38afligidos sobre todo porque había dicho que ya no volverían a verle. Después fueron acompañándolo hasta la nave.