Hch 19, 20-40
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)20De esta forma la palabra del Señor se consolidaba y se difundía poderosamente * . 21Después de todos estos sucesos, Pablo tomó la decisión de ir a Jerusalén pasando por Macedonia y Acaya. Pero pensó: «Después de que vaya allí tengo que visitar también Roma.» 22Envió a Macedonia a dos de sus auxiliares, Timoteo y Erasto, mientras él se quedaba algún tiempo en Asia. 23Por entonces se produjo un tumulto no pequeño con motivo del Camino. 24Cierto platero, llamado Demetrio, que labraba en plata templetes de Artemisa y proporcionaba no pocas ganancias a los artífices, 25reunió a éstos y a los obreros del ramo y les dijo: «Compañeros, vosotros sabéis que a esta industria debemos el bienestar; 26pero estáis viendo y oyendo decir que no solamente en Éfeso, sino en casi toda el Asia, ese Pablo ha persuadido a mucha gente a cambiar de idea, diciendo que las imágenes fabricadas por los hombres no son dioses. 27Y esto no sólo acarrea el peligro de que nuestra profesión caiga en descrédito, sino también de que el templo mismo de la gran diosa Artemisa sea tenido en nada, y acabe siendo despojada de su grandeza aquella a quien adora toda el Asia y el mundo entero.» 28Al oír esto, se pusieron a gritar enfurecidos * : «¡Grande es la Artemisa de los efesios!» 29La ciudad se llenó de confusión. Todos a una se precipitaron hacia el teatro, arrastrando consigo a Gayo y a Aristarco * , macedonios, compañeros de viaje de Pablo. 30Pablo quiso entrar y presentarse ante la gente, pero se lo impidieron los discípulos. 31Incluso algunos asiarcas amigos suyos le enviaron un aviso, rogándole que no se arriesgase a ir al teatro. 32Unos gritaban una cosa y otros otra. Era tan grande la confusión que reinaba en la asamblea, que la mayoría no sabía para qué se habían reunido. 33Algunos de los presentes aleccionaron * a Alejandro, a quien los judíos habían empujado hacia adelante. Alejandro pidió silencio con la mano, con la intención de hacer una defensa ante la gente. 34Pero, al enterarse de que era judío, todos a una estuvieron gritando durante casi dos horas: «¡Grande es la Artemisa de los efesios!» 35Cuando el magistrado logró calmar a la gente, dijo: «Efesios, ¿quién hay en el mundo que no sepa que la ciudad de los efesios es la guardiana del templo de la gran Artemisa y de su estatua caída del cielo? 36Siendo, pues, esto indiscutible, conviene que os calméis y no hagáis nada inconsideradamente. 37Habéis traído acá a estos hombres, que ni son sacrílegos ni blasfeman contra nuestra diosa. 38Si Demetrio y los artífices que lo acompañan tienen quejas contra alguno, audiencias y procónsules hay; que presenten sus reclamaciones. 39Y si tenéis algún otro asunto, se resolverá en la asamblea legal. 40Porque, además, corremos el peligro de ser acusados de sedición por lo de hoy, pues no existe motivo alguno que nos permita justificar este tumulto.»