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Hch 17, 16-34

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

16Mientras Pablo les esperaba en Atenas, sentía indignación en su interior al ver la ciudad llena de ídolos * . 17Discutía en la sinagoga con los judíos y con los que adoraban a Dios; y lo mismo hacía diariamente en el ágora con los que por allí se encontraban * . 18Trababan también conversación con él algunos filósofos epicúreos y estoicos * . Unos decían: «¿Qué querrá decir este charlatán * ?» Otros comentaban: «Parece ser un predicador de divinidades extranjeras * .» Lo decían porque anunciaba a Jesús y hablaba de la resurrección * . 19Un día lo tomaron consigo y lo llevaron al Areópago * . Una vez allí, le preguntaron: «¿Podemos saber cuál es esa nueva doctrina que tú expones? 20Es que te oímos decir cosas extrañas y querríamos saber qué significan.» 21Todos los atenienses y los forasteros que residían allí sólo sabían pasar el tiempo contando u oyendo la última novedad. 22Pablo, de pie en medio del Areópago, comenzó así: «Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. 23Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: ‘Al Dios desconocido * .’ Pues bien, vengo a anunciaros lo que adoráis sin conocer. 24«El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por mano de hombres; 25ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado * él, que a todos da la vida, el aliento y demás cosas. 26Él creó, de un solo principio * , todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la tierra, y fijó los tiempos determinados y los límites del lugar donde habían de habitar * , 27con el fin de que buscasen a la divinidad * , para ver si a tientas la buscaban y la hallaban. Pero no pensemos que se encuentra lejos de cada uno de nosotros, 28pues en él vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vosotros * : ‘Porque somos también de su linaje * .’ 29«Si somos, pues, del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humanos * . 30«Dios, pues, pasando por alto los tiempos de la ignorancia, anuncia ahora a los hombres que todos y en todas partes deben convertirse, 31porque ha fijado el día en que va a juzgar al mundo según justicia * , por medio del hombre que ha destinado, y del que ha dado garantía ante todos al resucitarlo de entre los muertos * .» 32Al oír que mencionaba la resurrección de los muertos, algunos se burlaron de él, y otros dijeron: «Sobre esto ya te oiremos otra vez * .» 33Entonces Pablo los dejó allí y se marchó. 34Pero algunas personas se adhirieron a él y creyeron, entre ellos Dionisio Areopagita * , una mujer llamada Damaris y algunos otros junto con ellos.