Hch 17, 16-27
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)16Mientras Pablo les esperaba en Atenas, sentía indignación en su interior al ver la ciudad llena de ídolos * . 17Discutía en la sinagoga con los judíos y con los que adoraban a Dios; y lo mismo hacía diariamente en el ágora con los que por allí se encontraban * . 18Trababan también conversación con él algunos filósofos epicúreos y estoicos * . Unos decían: «¿Qué querrá decir este charlatán * ?» Otros comentaban: «Parece ser un predicador de divinidades extranjeras * .» Lo decían porque anunciaba a Jesús y hablaba de la resurrección * . 19Un día lo tomaron consigo y lo llevaron al Areópago * . Una vez allí, le preguntaron: «¿Podemos saber cuál es esa nueva doctrina que tú expones? 20Es que te oímos decir cosas extrañas y querríamos saber qué significan.» 21Todos los atenienses y los forasteros que residían allí sólo sabían pasar el tiempo contando u oyendo la última novedad. 22Pablo, de pie en medio del Areópago, comenzó así: «Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. 23Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: ‘Al Dios desconocido * .’ Pues bien, vengo a anunciaros lo que adoráis sin conocer. 24«El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por mano de hombres; 25ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado * él, que a todos da la vida, el aliento y demás cosas. 26Él creó, de un solo principio * , todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la tierra, y fijó los tiempos determinados y los límites del lugar donde habían de habitar * , 27con el fin de que buscasen a la divinidad * , para ver si a tientas la buscaban y la hallaban. Pero no pensemos que se encuentra lejos de cada uno de nosotros,