Hch 17, 11-22
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)11Éstos, que eran de un natural mejor que los de Tesalónica, aceptaron la palabra de todo corazón. Diariamente examinaban las Escrituras para ver si las cosas eran así. 12Muchos judíos creyeron, y también los griegos, entre los que había mujeres distinguidas y no pocos hombres. 13Pero cuando los judíos de Tesalónica se enteraron de que también en Berea había predicado Pablo la palabra de Dios, fueron allá y se dedicaron a agitar y alborotar a la gente. 14Entonces los hermanos hicieron marchar a toda prisa a Pablo hasta el mar, mientras que Silas y Timoteo se quedaron allí. 15Los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas y se volvieron con una orden para Timoteo y Silas de que fueran adonde él lo antes posible * . 16Mientras Pablo les esperaba en Atenas, sentía indignación en su interior al ver la ciudad llena de ídolos * . 17Discutía en la sinagoga con los judíos y con los que adoraban a Dios; y lo mismo hacía diariamente en el ágora con los que por allí se encontraban * . 18Trababan también conversación con él algunos filósofos epicúreos y estoicos * . Unos decían: «¿Qué querrá decir este charlatán * ?» Otros comentaban: «Parece ser un predicador de divinidades extranjeras * .» Lo decían porque anunciaba a Jesús y hablaba de la resurrección * . 19Un día lo tomaron consigo y lo llevaron al Areópago * . Una vez allí, le preguntaron: «¿Podemos saber cuál es esa nueva doctrina que tú expones? 20Es que te oímos decir cosas extrañas y querríamos saber qué significan.» 21Todos los atenienses y los forasteros que residían allí sólo sabían pasar el tiempo contando u oyendo la última novedad. 22Pablo, de pie en medio del Areópago, comenzó así: «Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad.