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Hch 16, 23-34

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

23Después de haberles dado muchos azotes, los metieron en la cárcel y mandaron al carcelero que los custodiase con sumo cuidado. 24Éste, al recibir tal orden, los metió en el calabozo interior y sujetó sus pies en el cepo. 25Hacia la media noche, Pablo y Silas estaban en oración cantando himnos a Dios. Los presos los escuchaban. 26De repente se produjo un terremoto tan fuerte que los mismos cimientos de la cárcel se conmovieron. Al momento quedaron abiertas todas las puertas y se soltaron las cadenas de todos. 27Al despertarse el carcelero y ver las puertas de la cárcel abiertas, sacó la espada con intención de suicidarse, creyendo que los presos habían huido. 28Pero Pablo le gritó: «No te causes ningún daño, que estamos todos aquí.» 29El carcelero pidió luz, entró de un salto y se arrojó tembloroso * a los pies de Pablo y Silas. 30Los sacó fuera y les dijo: «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?» 31Le respondieron: «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás junto con tu familia.» 32Y anunciaron la palabra del Señor * a él y a todos los de su casa. 33En aquella misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas. Inmediatamente recibieron el bautismo él y todos los suyos. 34Los hizo entonces subir a su casa, les preparó la mesa y se alegró con toda su familia por haber creído en Dios.