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Heb 10, 9-23

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

9para añadir después: Entonces aquí estoy, dispuesto a hacer tu voluntad . Abroga lo primero para establecer lo segundo. 10En virtud de esa voluntad quedamos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo. 11Todo sacerdote está en pie, día tras día, oficiando y ofreciendo reiteradamente los mismos sacrificios, que nunca pueden borrar pecados * . 12Él, por el contrario, tras haber ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre , 13esperando desde entonces que sus enemigos sean puestos como escabel de sus pies . 14Mediante una sola oblación ha llevado a la perfección definitiva a los santificados. 15También el Espíritu Santo nos lo atestigua. Porque, después de haber dicho: 16Ésta es la alianza que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor : Pondré mis leyes en sus corazones , y en su mente las grabaré , 17añade: Y de sus pecados e iniquidades no me acordaré ya . 18Ahora bien, donde hay perdón de estas cosas, ya no son necesarias más oblaciones por el pecado. 19Tenemos, pues, hermanos, plena confianza para entrar en el santuario * gracias a la sangre de Jesús, 20siguiendo este camino nuevo y vivo que él inauguró para nosotros a través de la cortina, es decir, de su cuerpo. 21Tenemos un sacerdote excelso al frente de la casa de Dios . 22Acerquémonos con un corazón sincero y una fe madura, purificados los corazones de mala conciencia y lavado el cuerpo con agua pura. 23Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la Promesa.