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Gn 24, 12-33

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

12Dijo: «Yahvé, Dios de mi señor Abrahán: dame suerte hoy y muéstrate fiel con mi señor Abrahán. 13Voy a quedarme parado junto a la fuente, mientras las muchachas del pueblo salen a sacar agua. 14Ahora bien, si digo a una muchacha que incline, por favor, su cántaro para que yo beba, y ella me responde: ‘Bebe, que también voy a abrevar tus camellos’, que sea ésa la que tienes designada para tu siervo Isaac. Y así conoceré que te muestras fiel con mi señor.» 15Apenas había acabado de hablar, cuando apareció Rebeca, hija de Betuel, hijo de Milcá, la mujer de Najor, hermano de Abrahán, con su cántaro al hombro. 16La joven era de muy buen ver, virgen, que no había conocido varón. Bajó a la fuente, llenó su cántaro y subió. 17El siervo corrió a su encuentro y le dijo: «Dame un poco de agua de tu cántaro.» 18«Bebe, señor», dijo ella; y, bajando en seguida el cántaro sobre su brazo, le dio de beber. 19Cuando acabó de darle, añadió: «También para tus camellos voy a sacar, hasta que se hayan saciado.» 20Vació rápidamente su cántaro en el abrevadero y, corriendo otra vez al pozo, sacó agua para todos los camellos. 21El hombre la contemplaba callado, para saber si Yahvé había dado éxito o no a su misión. 22En cuanto los camellos acabaron de beber, tomó el hombre un anillo de oro de medio siclo de peso y lo colocó en la nariz * de la joven, y luego puso en sus brazos un par de brazaletes de diez siclos de oro. 23Después le dijo: «¿De quién eres hija? Dime: ¿hay en casa de tu padre sitio para hacer noche?» 24Ella le dijo: «Soy hija de Betuel, el hijo que Milcá dio a Najor.» 25Y agregó: «También tenemos paja y forraje en abundancia, y sitio para pasar la noche.» 26Entonces se postró el hombre y adoró a Yahvé 27diciendo: «Bendito sea Yahvé, el Dios de mi señor Abrahán, que no ha retirado su favor y su lealtad * para con mi señor. Yahvé me ha traído a parar a casa del hermano de mi señor.» 28La joven corrió a anunciar a casa de su madre todas estas cosas. 29Tenía Rebeca un hermano llamado Labán. Éste corrió donde el hombre, afuera, a la fuente. 30En efecto, en cuanto vio el anillo y los brazaletes en los brazos de su hermana Rebeca y le oyó contar lo que aquel hombre le había dicho, se llegó adonde él. Lo encontró todavía junto a los camellos, cerca de la fuente. 31Le dijo: «Ven, bendito de Yahvé. ¿Por qué te quedas parado fuera, si yo he desocupado la casa y he hecho sitio para los camellos?» 32El hombre entró en la casa; Labán desaparejó los camellos y les dio paja y forraje. A continuación ofreció al hombre y a sus acompañantes agua para lavarse los pies. 33Después les sirvió de comer. Pero el otro dijo: «No comeré hasta no haber dicho lo que tengo que decir.» A lo que respondió Labán: «Habla.»